CÁNDIDO FRUCTUOSO ROBLES ROBLES, pescador, cazador y criador de pollos para la pesca en La Cándana de Curueño (León)
Texto
y fotos: Eduardo García Carmona
Es una persona tan sencilla y honesta que se desvive por los demás y eso es bueno, muy bueno hasta cierto punto. No se trata de ser servicial sino de compaginar lo bueno y no tan bueno y compartirlo pero no darlo todo sin esperar a nada.
CÁNDIDO FRUCTUOSO ROBLES ROBLES llegó al mundo en La Cándana de Curueño (León) la zona más famosa de la provincia en lo que a pollos de pluma para la pesca se refiere. Lo que pocos conocíamos es que su segundo “nombre” fuese FRUCTUOSO. Fue en 1948 cuando nació, años después de la posguerra española y donde “el hambre” era una melodía en casi todo el país. Cierto es que donde mejor se vivía era en los pueblos. Allí no solía faltar de nada y los vicios eran los naturales, el monte, el río y por ende la caza y la pesca ofreciendo al paisanaje todo lo necesario para vivir.
Había
que ir al colegio del pueblo, ayudar en casa y después podías jugar con los
niños del pueblo o ir al río a pescar.
Fue precisamente su padre, CAYETANO ROBLES, quien le aficionó a pescar en serio. Cuando Cándido salía de colegio, y si no le necesitaba su madre CELERINA ROBLES, se marchaba con su progenitor hasta el río.
Recuerda Cándido que con 5 años y pescando donde el puente “Los Cascajales”
con una vara y bramante como hilo de donde pendía un alfiler doblado, pescaba peces pero un día se debió confundir una trucha y le hizo tanta ilusión que la cogió para llevarla a casa y enseñar su proeza. Tuvo tan mala fortuna que un guarda cojo, Patricio el de La Vecilla, que siempre estaba al acecho, le denunció. La alegría se convirtió en llanto y una gran duda, "cómo se lo digo a mi padre".Se
lo dijo y el padre tuvo que bajar a pagar a León la denuncia. La broma le costó
UN REAL. Aquello marcó al niño.
Pese a todo, y ya “con matrícula de honor” en la pesca, cada jornada tras el colegio se convertía nada más llegar a casa y comer la merienda en salir toda velocidad hacia el río. El río y la pesca se convirtieron en su pasión diaria. Tanto le gustaba que con la caña heredada de su padre un día se llevó al colegio con el carrete y la cuerda montada. La caña la dejó apoyada a la entrada de la escuela. Lo malo es que cuando salió del cole, la caña no aparecía y la maestra, “la señorita Mabel”, nunca olvidará el disgusto que tenía Candidín. En más de una ocasión aún se lo recuerda la profe cundo le ve por La Cándana. Nuestro protagonista también guarda en su mente al tío Eloy, “el chaval” que así se le conocía y eso que tenía 90 años. Siempre le decía, “oye chaval, déjame ese tramo de río para mí que no tengo botas”. El Tío Eloy, que no tenía botas de pesca, acudía en sandalias a pescar.
A los 11 años de edad Cándido tuvo que abandonar la afición a la pesca porque sus padres le enviaron a Madrid a estudiar. Cuando volvía en verano el Curueño continuaba llamándole. Con 12 años su tío, Pedro Michalot que trabajaba de peluquero en Francia a las órdenes de Valery Giscard d’Estaing, presidente que fue de Francia, le regaló una hermosa caña, carrete, hilos y anzuelos pero “el niño” después del disgusto de la denuncia del guarda de Icona, prefería meter las manos en las piedras del río y llevarse las truchas para casa a escondidas por si acaso.
Después de varios cursos en Madrid, le llevaron a Bilbao y posteriormente a Zaragoza. Volvía al pueblo todos los veranos y el Curueño continuaba siendo el foco de atención con amigos o sólo. Con los años Cándido recuperó con creces el real que tuvo que pagar su padre por la denuncia de Patricio.
Con 18 años se fue voluntario a realizar el servicio militar en aviación en La Virgen del Camino (León). Fue allí en uno de los hangares de la Virgen del Camino donde comenzó a confeccionar sus primeros mosquitos de pesca de la mano de Jesús un trabajador civil de la Base Aérea. Cándido ponía las plumas de La Cándana y el empleado las enseñanzas del montaje de moscas ahogadas.
Cuando podía escaparse al pueblo, Cándido continuaba con su pasión por la pesca. Así fue como conoció a Bernardo que, a falta de hilos de seda para hacer los cuerpos de las moscas las hacía con hilos sacados de su corbata.
En un frasco pequeño Cándido metía los mosquitos que pululaban cerca del agua y se los llevaba a su padre para confeccionar una mosca que pescaba muy bien en el Curueño, “el saltico”, no la saltica, con pluma en indio y que adobaba como nadie su padre, Cayetano.
Curiosamente,
una de sus mejores “pescatas” en el Curueño fue en la zona de Tolibia cuando no
era ni coto. No podía con la cesta de tantas que llevaba. Lo cierto es que dejó
de pescar a la leonesa para pescar a gusarapín y de las pocas que tocaba a
mosca comenzó a disfrutar con el cambio de cebo tanto que llenó la cesta y no
podía con ella de vuelta a casa.
Para pescatas las que hacía su padre a garrafa, aunque también a caña. Sacaba tantas truchas que las dejaba en la pradera para seleccionar las mejores. El resto se las llevaba para los cerdos mezclándolas con harina o alfalfa.
Los pollos de La Cándana de Curueño vivían libres, se les dejaba en la falta del monte y en muchas ocasiones el “raposo” se las ventilaba. Los pollos y gallinas se soltaban en la zona conocida por La Cuesta pero poco a poco se fueron llevando a los corrales
Recuerda como Bernardo quiso llevar los pollos y gallinas de La Cándana para Santander, a Reinosa, donde tenía un amigo que resultó ser Rafael Del Pozo y quisieron aclimatarlos allí. Poco duró la aventura y eso que llevaron agua del Curueño en cisternas y camiones de arena, grijo, y piedras del río por aquello que decían que el agua o la tierra tenían Uranio y eso era lo que le daba la calidad a la pluma con brillo y tersura especial.
Los pollos llevados de la Cándana a Reinosa (Cantabria) aguantaban en calidad las primeras pelas después degeneraban tanto que la explotación se fue al garete. Los pollos además también enfermaban.
CÁNDIDO FRUCTUOSO ROBLES ROBLES, a quien personalmente admiro por sus muchas cualidades como persona, no le llegué a conocer en su mejor momento de pesca aunque algunas jornadas hemos pasado en los ríos de León. “No era manco” con el manejo de la pesca a la leonesa, arte que dominaba y que dejó de practicar prácticamente cuando se fue a vivir a Ponferrada donde desarrolló otra pasión, LA CAZA que aún practica en la actualidad con una buena cuadrilla en León y mejores cotos.Entre sus compañeros se encuentra Alfredo “Adams”. Cándido saca a pasear a diario sus perros por el monte o la ribera del río Bernesga donde actualmente vive y puedo asegurar que sus perros son “punto y aparte” para el arte cinegético y es que los trata con mimo y cariño. Nunca les falta de nada y al igual que comenzaba el reportaje asegurando que es una gran persona que lo da todo por los demás, lo mismo hace con sus animales.
Por cierto, Cándido conserva “libros y álbumes” llenos de pluma de los gallos de aquella época, aquellos gallos que criaba su madre en casa y cuya pluma se fue perdiendo, caso de los indios plateados. Es familia de Aníbal, padre de Chema González, el criador de gallos y mastines de La Cándana
ROBLES Y ROBLES, CÁNDIDO es un auténtico crack como persona, amigo y paisano. Gracias por ser uno de “mis amigos de la pesca” y que continúes muchos años siendo un “roble centenario” muy sano. Sabes que te aprecio un montón.
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