GREGORIO
HERNANDO NOVOA (Goyo), un artista del sedal pesado en León y especialista en
viajes a La Patagonia chilena
Texto
y fotos: Eduardo García Carmona y Goyo
A
este singular pescador leonés, GREGORIO HERNANDO NOVOA (Goyo) tengo el honor de
conocerle desde hace un montón de años cuando de mozalbete ya se dedicaba a la
confección de moscas para la pesca, especialmente mosca seca. Si a esto se une
su afición por las salidas al río, lago o competiciones puedo asegurar que
Goyín, como cariñosamente le llaman los más próximos, es un espécimen distinto
como pescador amante de los ríos y los peces, especialmente la trucha. Es tan
singular que pocos o nadie le podrá imitar en su silueta personal porque su
figura es
única.
Se
trata de una persona peculiar en amistad y cariño hacia los practicantes de la pesca. Camina disfrutando
de los ríos y las truchas del mundo porque Goyo es de los clásicos leoneses que
suelen ir a La Patagonia chilena a pescar una vez al año, por lo menos.
Le
he conocido en sus comienzos “cuando era un niño” y ya conseguía realizar
imitaciones de mosca y lances tan precisos que cada año que se presentaba a las
competiciones de lance, en los concursos o castings que se organizaban te lo
encontrabas y no era complicado saber quién era
porque sus características
físicas le denunciaban, nunca pasaba desapercibido con esa melena “rancia o rala”
con mucho pelo lateral y trasero y poco pelo frontal. Con su sombrero
característico éste pescador leonés ha creado escuela junto con su barba de
días que siempre dibuja un rostro peculiar. Sus gafas de ver le dan otra
singularidad y más cuando lleva las polarizadas.
Es
un portento físicamente y no por “su gran musculatura”. Su poco físico lo
compensa con nervio, mucho nervio haciendo posible que venza todas las
adversidades que se le presenten por delante. Es dinamita pura. Y más en el río
donde es incansable.
Cuando
más cerca he podido estar de GOYO HERNANDO NOVOA, “Goyín” ha sido en
competiciones de río y lago y, aunque no es una “estrella”, se defiende como el
mejor. Hernando es “querido” por todos los pescadores y será por algo porque su
singularidad da para engrandecer su personalidad y cariño a sus
compañeros de
jornada o con “las otras cañas en el bar”. Un pescador como los de antaño pero
en el siglo XXI, amante de la pesca sin muerte y cuidador de la habitabilidad
para los peces porque si no el futuro para la pesca se escribiría con letras negras
de funeral.
En
las distancias cortas Goyo es único. Es dicharachero aunque poco cuentista. En
esas distancias es cordial, ameno y amigo a la antigua usanza. Prácticamente lo
mismo que en el río o en el lago es el clásico “vaquero del oeste americano” donde
lo que predomina es “su montura” a lomos de la caña de pesca y un carrete.
.JPG)
En
esas distancias cortas he podido convivir una decena de días en La Patagonia
chilena junto a sus inseparables Molleda y Frutos siendo allí donde comprobé
que es un experto en la pesca de los ríos patagónicos. Ha visitado y programado
viajes de pesca desde hace más de 20 años. Primero, acudiendo por su cuenta y
riesgo a la aventura en un país que no conocía pero que ha terminado conociendo
como pocos españoles. Suele hacer de “guía para los amigos que le acompañan” en
sus expediciones anuales. Últimamente se ha acostumbrado a lo programado pero
siendo él mismo y sus compañeros los electores de los lugares de pesca y estancia
consiguiendo buenos precios en las mejores zonas. La Patagonia chilena para
Goyo es su “segunda casa de pesca”.
Con
el sedal pesado o cola de rata es un verdadero artista manejando la caña de 9 y
10 pies con maestría en el lance a mosca, ninfa o estreamers.
Tras
las jornadas de pesca Goyo se relaja con los amigos con una jarra de cerveza o
un botellín y es cuando “disfruta la otra pesca”, la de la amistad, comentando
la jornada vivida e interesándose por lo hecho en el río o vivido por los
demás.
El
momento culminante llega con los prolegómenos de la cena una vez terminada la
jornada de pesca o en la llegada al
lodge. Después en la cena o en la comida de pesca es “un campeón” comiendo. ¿Dónde
meterá todo lo que come? se preguntan algunos. Es normal que coma y bien porque
no para nunca, ni en el río, ni en la vida rutinaria o con los amigos.
Qué
grande es GREGORIO HERNANDO NOVOA “Goyín” hasta en su negocio en una de las
calles próximas al antiguo cine Abella de León, donde los materiales de
construcción son el vivir diario para él y sus hermanos, un negocio rutilante
en el que hay que currar y donde nadie regala nada. Su profesionalidad y
destreza también se demuestra en la oficina de la empresa o cuando llega un
camión con productos para vender.
Gracias
GOYO por ser uno de mis amigos de la pesca que deseo poder continuar
disfrutando muchos años por León o en La Patagonia chilena.