Dónde comprar AMIGOS DE ANZUELOS, AGUA Y RAMAJE. www.lobosapiens.com

Dónde comprar AMIGOS DE ANZUELOS, AGUA Y RAMAJE. www.lobosapiens.com
Dónde comprar AMIGOS DE ANZUELOS, AGUA Y RAMAJE. PINCHA EN LA IMAGEN

viernes, 18 de septiembre de 2026

Mis amigos de la pesca: Pescando el calamar sahariano con dos "canarios"...



ARCADIO BADÉL BENITEZ ARMAS Y DANIEL GONZÁLEZ ARMAS PESCADORES CANARIOS...

Pescando el calamar sahariano en aguas de Agaete (Gran Canaria)

 

Texto y fotos: Eduardo García Carmona

 

Reconozco ser un buen “predador” de calamares fritos como una gran mayoría de españoles. Me encantan en su tinta, rellenos, a la romana…de cualquier manera, pero pescarlos, pescarlos, en mi vida lo había intentado.


Como alguna vez tenía que ser la primera, mis amigos de Agaete (Gran Canaria), ARCADIO BADÉL BENITEZ ARMAS Y DANIEL GONZÁLEZ ARMAS, por fin me dieron el visto bueno para asignarme plaza en su falúa “Brisa del mar”, un barco de faenar en costa que maneja con destreza el primero.

Agaete, es un pueblo marinero que se encuentra al norte de la isla de Gran Canaria. Confieso estar totalmente enamorado de este lugar porque, salvando las distancias, me recuerda a una villa de la costa asturiana de donde es natural mi esposa: Bañugues al lado de Luanco. Si Agaete dispusiera de “sidrina” en sus muchos bares y restaurantes alrededor de la playa y el puerto pesquero, habría que cambiarle el nombre o hacerle “hijo adoptivo” del municipio de Gozón o viceversa.
Arcadio Badel hijo

Con estos prolegómenos comenzamos la aventura.

Quedamos en salir del puerto a última hora de la tarde, a la caída del sol.

En el “Brisa del mar” fuimos colocando todos los artilugios y material imprescindible para la jornada de pesca.

La mar, a mí me encante el femenino, estaba tan hermosa como una “Xana”. Ni olas había. Aquello parecía un “plato”. No se movía ni un halo de aire, ni un brisilla, aunque el ambiente tampoco era de calor sofocante. Más o menos, la temperatura de todos los días, 25º.

Tras las primeras maniobras para salir del atraque portuario, en el pantalán, observamos que las personas continúan en la playa aprovechando hasta el último rayo de sol.

Daniel G. Armas

En la punta del faro del puerto de Agaete, aficionados a la pesca intentan sacar algún pez que llevarse a casa y en lontananza el sol más tímido y hermoso que nunca he visto se está poniendo. No, no pretende irse hasta la mañana siguiente sin dejar su impronta. La belleza es total como la delicadeza con que sus rayos se desparraman sobre el agua parada, casi “mortecina”.
Nos alejamos del puerto y nos adentramos mar adentro pero no demasiado: milla y media. De la costa estaremos sobre media milla de distancia.

El lugar elegido por Arcadio y Daniel está situado frente al “Barranco de La Palma”. Así lo conocen los pescadores y lugareños de Agaete.

Nos acompañan las “pardelas cenicienta”, ave muy querida por los pescadores y en general por todo el pueblo canario, especie que se encuentra protegida a nivel nacional por estar en vías de extinción. En algunas islas del archipiélago Canario se comprueba una persecución y caza a manos de algunos desaprensivos que sólo quieren traficar con su carne, muy codiciada en restauración, especialmente la de las crías. Esto está haciendo peligrar la especie.
Con las “pardelas cenicienta” sobrevolando alrededor soltamos el ancla para que la embarcación no nos lleve en deriva hasta la costa o donde las corrientes quieran.

Se preparan las cañas para unos. Yo prefiero pescar el calamar como lo hacen los pescadores tradicionales, a mano.

Con hilo del 35 y un artilugio rudimentario donde se enrolla el sedal, coloco dos esmerillones a una distancia de unos 70 u 80 centímetros en los que se ponen las “poteras”. ARCADIO Y DANIEL hacen lo propio con las cañas de pescar cortas, tipo cucharilla en río, y comienza “la fiesta”.
Todavía no ha oscurecido y la paz y tranquilidad es total. Otras tres embarcaciones se otean desde el “Brisa del mar”. Dos están próximas a la costa la otra a nuestra altura, pero a distancia prudencial para no molestarnos.
Comenzamos a lanzar las poteras. Hay que dejarlas bajar perpendiculares al barco, hasta que toquen fondo. Tardan en llegar al fondo y por el hilo sacado, parece más profundidad de la que Badél esperaba de unos 40 metros. Sigo las instrucciones de los dos expertos y comienzo cada poco tiempo a tirar del sedal hacia arriba y vuelvo a dejar bajar las poteras. Son tirones para llamar la atención del calamar con las poteras que simulan gambas, peces, etc.
Habré dado, por lo menos, cien tirones y nada de nada. Ellos, igual que yo. Ya no tenemos luz natural y hay que hacer un receso para arrancar el motor que nos permitirá tener luz artificial con focos potentes dirigidos hacia el agua del mar.

ARCADIO asegura que a partir de ahora será distinto: “el calamar se dirigirá a la luz, atraído por ella y será cuando comencemos a pescar”.

Ni contigo, ni sin ti. Llevamos cerca de dos horas y una de dos: o los calamares saharianos son muy listos o nosotros no sabemos pescarlos. De mí no tenía duda, respecto al segundo tema pues era la primera vez que acudía a pescar calamares, aunque de ellos no tenía duda ya que son profesionales y viven de la pesca en el mar.

La única alegría, y ciertamente la mejor de la jornada, es ver en la oscuridad de la noche y acercándose a la zona del foco donde alumbra el agua desde la barca, un ejército de caballas. Era un espectáculo ver el mar repleto de pulgas marinas, también. Reconozco que no sabía que se llamaban así. Son unos bichitos diminutos, de color anaranjado, que según los expertos son un manjar para muchos peces, especialmente para las caballas. Creo que a cada pulga sobre el agua, le correspondía una caballa. Nunca había visto tantas pululando en el agua subiendo a comerse las pulgas, saltando. Se estaban dando un festín. La imagen que ha quedado en mí retina es para no olvidar jamás. El ser o no ser. La vida y la muerte. Es la ley de la naturaleza, con la que se mantiene un equilibrio entre las especies.

De repente, ante mi desesperación con tanto “tira y afloja del sedal” y no sentir nada, Arcadio me dice: esto es así. Hay días que llegas y no paras de coger calamares. Otros, te vas sin nada. No es la primera vez. El mar es así. Yo he tenido días de coger 30 kilos de calamares en pocas horas y otros de nada, pero hay que insistir”.

Dicho y hecho. Como por arte de magia, Arcadio Badél ya tiene su primer calamar enganchado a la potera de su caña y grita: “prepara la cámara fotográfica, Eduardo”.

Con los nervios a flor de piel, dejo mi artilugio enganchado a un saliente del barco, cojo la cámara y me dedico a inmortalizar la captura.

Un chorro de líquido salta hacia un lado. Es la tinta de calamar. Menos mal que no ha encontrado el destino de mi cámara y  ninguno de nosotros, sino saldríamos pintados de negro. No es la única prevención a la hora de pescar calamares. Otra, es que cuando se note que el calamar ha atrapado la potera, no hay que dejar de subir el sedal sin parar ni un instante porque, de lo contrario, la pieza se desengancharía. La potera sólo tiene alfileres o anzuelos, pero sin arponcillo o muerte.

El cefalópodo es hermoso. Parece transparente. Por instantes cambia de color. Ahora es rosáceo y con pintas que parecen fluorescentes. Una preciosidad.

Y después de la primera captura, continúa la pesca.

Animado por el acontecimiento, mi brazo se hace más ágil. Debo llevar más de mil tirones pero los calamares no quieren saber nada de mis poteras. Me consuelo porque Daniel tampoco ha conseguido nada.

¡Otro, otro…! Es la voz de Badél, otra vez.

El segundo calamar llega a bordo. Es algo más pequeño, aunque igual de hermoso, casi transparente.

Daniel también exclama: ¡“tengo otro…”!

Me dedico a hacer el reportaje fotográfico. La pieza de Daniel es la mayor. Se trata de un hermoso calamar de más de 500 gramos.

Inmortalizado el animal, vuelvo a la tarea de intentar conseguir mi primer “sahariano”. Ni sahariano, ni nada. Llevo dos mil, dos mil quinientos movimientos de brazo, hacia arriba y hacia abajo y ellos sacan pero yo no.

Por fin noto un tirón y comienzo a recoger…¡adiós! El calamar o lo que fuese no quiso seguir enganchado a la potera. Digo lo que fuese, porque cuando termino de subir las poteras, solo había una. La otra desapareció con la mitad del esmerillón. La otra mitad, continuaba en la cuerda. ¿Qué sería? A mi pregunta contestaron ambos que algo mucho mayor que un calamar, seguro que un pez y de buen tamaño” apuntó Daniel.

Fuese lo que fuese, la emoción me embargó por momentos y el sedal recorriendo el pliegue de mi dedo índice, me devolvió a la realidad. El hilo se me estaba incrustando en la piel y hacía daño.

Y así escribo esta historia que es lo mío porque pescar lo que es un calamar, “ni chicha ni limoná.

Otra de las sorpresas lindas de la jornada fue comprobar como un pequeño calamar de no más de 3 centímetros, subió a superficie mezclándose con las pulgas marinas. A la voz de Daniel: “mira, mira, ¿qué es eso?”, Badél suelta la caña, se agacha y mete la mano en el agua, atrapando un pequeño calamar. Increíble. Creí que se iba por la borda.

La cría de calamar era una auténtica delicia para la vista. Su color rosáceo, se convertía en blanco y transparente, por momentos. Una vez fotografiado lo devolvimos a la mar.

El calamar sahariano es de los cefalópodos más apreciados por su exquisitez en la cocina. Es el mejor pagado en la lonja, el más tierno, más dulce y el que los japoneses, especialmente, persiguen hasta conseguir llevárselo a sus hogares. Por eso es tan difícil conseguirlo en el mercado normal.

Y así, entre el mal sabor de boca de uno y la felicidad de otros, el “Brisa del mar” pone rumbo al puerto de Agaete en la oscuridad de la noche. ¡Qué sentido de la orientación tiene el patrón para llegar a puerto! Menos mal que no tenía que llevar el timón, si no les doy la vuelta a la isla.

Gracias, ARCADIO BADÉL BENITEZ ARMAS Y DANIEL GONZÁLEZ ARMAS por haberme invitado a disfrutar como pocas veces lo había hecho en mi vida y, por derecho propio habéis entrado a formar parte de “mis amigos de la pesca”. Ojalá en algún momento podamos volver a salir en busca del calamar sahariano pero estando vosotros allí y yo por Asturias como no sea de vacaciones mal lo tenemos.


lunes, 14 de septiembre de 2026


Del 17 al 20 de Setiembre 

Vª Gala Nacional de la Pesca  en Arroyo de la Encomienda (Valladolid)...

Y II Feria de pesca "río de la vida"


Texto y fotos: Río de la Vida y E.G. Carmona

 


A lo largo de las tres primeras ediciones he podido disfrutar de "la otra pesca" en una reunión de amigos llegados de toda España y el extranjero. No me arrepiento, ni me arrepentiré, de lo disfrutado y vivido en una GALA que nació por el compromiso de dos grandes profesionales Óscar Arratia y Sebastián Cuestas que aunque continuando actualmente caminos diferentes son dos grandes referentes de la pesca en nuestro país desde hace unos años, especialmente a nivel informativo y humano.

No estoy nominado, no. 

Actualmente, la pesca en España goza de grandes profesionales en cada "territorio" y ellos son el presente y el futuro próximo. El pasado somos otros que comenzamos a informar de estas historias hace 50 años y ahora nos encontramos desfasados. Ojo no de la información referente al mundo de la pesca, aunque sí de los progresos que ha dado la informática e incluso la pesca que dentro de poco la realizaremos por IA.



Desde este balcón de la pesca que es nuestra página en Internet (https://pescarmona51@blogspot.com) vaya por delante mi cordial enhorabuena a todos los nominados y galardonados porque ellos son los verdaderos artífices de la situación actual de este deporte-afición en nuestra querida España y aunque cada vez "pitamos menos" por aquello de los años, quien tuvo, retuvo y hay dar "al César lo que es del César" y a OSCAR ARRATIA lo que le corresponde. grande, grande, compañero, y que nunca te flojeen las fuerzas para continuar ahí muchos años más porque, si a alguien hay que dar las gracias es a ti y tu equipo de colaboradores por el gran trabajo que desarrolláis.

El sábado 19 de septiembre, a las 18:00 horas, no estaré acompañando a esos "grandes guerreros de la pesca y naturaleza" EN SUS DIFERENTES CAMPOS.

Los actos de la Vª GALA se celebrarán en la Casa de la Música y Teatro de Arroyo de la Encomienda. Será uno de los momentos más esperados por los pescadores de todo el país. El evento reunirá a cien de los mejores pescadores de España, que optarán a premios en las categorías de Carpfishing, Salmónidos, Depredadores, Agua Dulce, Mar-Costa, Artesanos, Conservación y Medio Ambiente, Programa Más Descargado (Río de la Vida), Mejor Evento Deportivo de España, Pescador Multiespecie y Premio Río de la Vida.
La gala contará con Erundino Alonso, como invitado, conocido por el programa de TVE Saber y Ganar. También se entregarán reconocimientos a la mejor presentadora de televisión, Susana García, por su programa Al Acecho; al presentador Ignacio Rojo Herguedas, por Veda Abierta; al mejor programa de radio, A Tenazón, de Radio Marca; a la mejor empresa audiovisual de España, Al-Ándalus SL por su programa Lances en Canal Sur; y a la mejor revista del sector en España, Orbayu Naturaleza. 
Y ADEMÁS, LA FERIA DE LA PESCA

Como novedad, la II Feria incorpora las I Jornadas Escolares de Medio Ambiente, Sostenibilidad y Pesca, desarrolladas por Río de la Vida en colaboración con la Concejalía de Educación del Ayuntamiento de Arroyo de la Encomienda. Los días 17 y 18 de septiembre, el alumnado de 5.º de Primaria de los centros participantes asistirá, en el Espacio Multiusos de La Vega, a sesiones de dos horas que combinarán ponencias ágiles y talleres prácticos sobre pesca, juegos infantiles, biodiversidad, aves de Castilla y León, especies de la cuenca del Duero y pesca deportiva responsable.

Entre los participantes figuran el campeón del mundo de pesca Daniel Saucedo Cano; Eduardo Von Zedlitz, director de Marketing de Shimano Fishing Iberia; el fotógrafo de naturaleza y director de NaturCYL, Carlos Sánchez; y el biólogo José Antonio García, de La Casa del Río - Museo de la Ciencia.

La iniciativa busca llevar la educación ambiental fuera del aula y acercar a los más jóvenes el conocimiento y el respeto por el entorno natural.

La feria está impulsada por Río de la Vida, el programa de pesca más escuchado y descargado, nacido en Arroyo de la Encomienda y convertido en un referente de la pesca deportiva y la naturaleza. El espacio cerró 2025 como
número uno en el ranking internacional de programas de radio y podcasts de pesca y naturaleza, un reconocimiento que refuerza su proyección y su compromiso con la divulgación de la pesca responsable.

Amigos de la pesca lo anunciado, no estaré presente pero, Arroyo de la Encomienda y el programa  Río de la Vida siempre estarán en mi corazón como pescador que soy y me siento.

Disfrutar a tope y enhorabuena a todos...!!! 






viernes, 11 de septiembre de 2026

Mis amigos de la pesca: LOS MÚSICOS TAMBIÉN PESCAN. Jornada en el pantano de Luna




Isidro, Manolo, Toño, Pedro y Gelo (Charuto) “un quinteto musical” pescando una caldereta de los pastores de Luna…

 

Texto y fotos: Eduardo García Carmona

 

No es un sueño, aunque muchas veces he soñado en volver. Son recuerdos en estos días especiales con “mis amigos de la pesca”, jornadas en tienda de campaña en plena naturaleza con los montes de Mirantes de Luna (León) a un lado y al otro el pantano del Luna.
Son historias a pie de pantano que parece que no volverán porque estamos “metidos en años” y tenemos la acampada libre prohibida. Éramos más jóvenes, claro. Teníamos ganas de aventuras, también. Trabajábamos mucho, cada uno en lo suyo y  con el pluriempleo por medio, casi no teníamos fechas disponibles para poder realizar “el fin de semana del año en el pantano” pero, casi siempre, se nos arreglaba.

Los que inicialmente comenzaron las jornadas del pantano de Luna, fueron: Toño, Pedro, Gelo (Charuto), Isidro (Chumino) y Manolo, un quinteto de música como “Cometa Halley” al completo. Así eran conocidos en el mundillo artístico aunque,  unos procedían de Vª Unión, otros de Los Paladines y de Juan Cinco Almas. El agregado era yo, amigo de todos, aunque algún año faltase. Las esposas de cada uno eran las más felices porque nos perdían de vista de jueves a domingo una vez al año.

Todo lo preparábamos con mucho tiempo y cuando se acercaba el día no dormíamos  pensando en si se nos olvidaba llevar algo y, sobre todo,  por las ganas de llegar.

Eran momentos de felicidad. Las mejores vacaciones para unos “currantes” que necesitaban estar en contacto con la naturaleza y disfrutar de la amistad.


Isidro, Pedro, Charuto y yo salíamos de León el jueves. Después de cerrar sus establecimientos comerciales Manolo y Toño, se incorporaban la noche del viernes.

Tres tiendas de campaña y muchos víveres, quizás demasiados para pasar tres días, no vaya a ser que pasemos hambre y sed, decía Pedro.

Sabiendo lo que sabía el “rizoso barbudo”, las cajas de vino abundaban. El orujo, lo llevábamos en un garrafón de 16 litros, por si acaso. Melones y sandías como para vender a pie de carretera. Carne de cordero, patatas en abundancia, huevos, panceta en piezas completas, no faltaba de nada. El “frigorífico” era natural y nunca fallaba, era un reguero de aguas limpias y cristalinas, frías como el hielo, que bajaba de la montaña de Luna. Allí todo se conservaba gracias a la “madre naturaleza” que sin lugar a dudas es lo mejor. Lo peor del reguero era cuando nos lavábamos por las mañanas para quitar legañas nocturnas y las señales de las juergas. Otros intentaban pasar por el reguero cuando más calentaba el sol aunque en la montaña el agua siempre estaba fría. Era tan fría que nos “hacia agujeros en la cabeza” cuando nos metíamos bajo una pequeña cascada.

Antes de llegar al campamento base, los coches los dejábamos en un aparcamiento a pie de carretera y a unos 300 metros de Mirantes de Luna. Allí los dejábamos los tres días y medio que duraba “la excursión de pesca y amistad”. No los tocábamos para nada.

Todo lo que había en los coches tenía que ser llevado al campamento. Para llegar, había que cruzar la carretera y desprender un tramo de la alambrada de espinos metálicos que cerraba la pradera por donde, junto al riachuelo Los Molines, atravesábamos la misma para llegar a una gran peña caliza donde se estrechaba el paso. Justo antes, en un tramo de pradera con abundantes avellanos al lado del riachuelo, acampábamos los tres días y medio.

Con todo el material en la pradera, había que acondicionar la zona donde colocar las tiendas porque, además de alguna roca caída, siempre nos encontrábamos las sebes crecidas pero, el machete “cubano” de Pedro, de esos de cortar caña de azúcar, hacía de maquinaria acondicionadora.

Asentados los suelos de las tiendas, cada pareja montaba la suya. Charuto y yo, juntos por “roncones” y un poco separados del resto para no molestar a las musas. Pedro y Toño, “pareja de hecho” y Manolo e Isidro “los manitas”, casi juntaban tienda con tienda. La zona libre de la pradera quedaba para la “cocina” o sea, la hoguera acondicionada con las piedras de la zona para que las chispas no saltasen y fuesen para las tiendas o pudiese provocar un incendio en la maleza contigua.  La otra cocina, la de gas que también llevábamos, quedaba junto a las mesas, en la zona de sombrío próxima al riachuelo.

Como normalmente acudíamos al pantano a finales de Julio o primeros de Agosto, los días de calor se sucedían en la montaña leonesa, aunque por la noche el “frio” se hacía notar. O sea, mantas y sacos de dormir nunca sobraban.

Instalados y con los “vientos” bien fijados para que la tienda no sufriese algún percance, había que ir preparando la cena. Antes, durante y después, la bota de vino se movía asiduamente. Era el momento de cortar jamón, chorizo, lomo o, incluso, de hacer unos huevos fritos porque, la primera noche, era la primera.

Manolo, Isidro y yo preparábamos la cena, el acordeón de Toño nos daba alegría y ánimos. Los cánticos de Gelo y Pedro, hacían el resto. Eso sí, la bota continuaba corriendo.

La cena era espléndida. Había que reponer fuerzas porque, parece que no pero, el trabajo de “montaje” de tiendas y acarreo de material, desgastaba bastante.

Comer, beber, cantar, reír y disfrutar era lo que hacíamos la primera noche. Por cierto, nuestros cánticos “celestiales” retumbaban en la noche junto a la roca donde se asentaba el campamento, enviando nuestras voces por el aire como si de ondas “herzianas” se tratase, a muchos metros a la redonda. Nuestra alegría musical, en forma de orgía sana, llegaba a todos los rincones de aquella zona del pantano como si de una radio o altavoz se tratase. Bueno, tan lejos no pero, sí al camping que existía próximo a nosotros próximo a Mirantes de Luna, donde muchas familias pertenecientes al Club Náutico, pasaban días de asueto. Incluso, alguna noche bajaban campistas y nos acompañaban.

Con la llegada de las primeras luces del día y el sol en todo lo alto, había que levantarse. Los trinos de los pajarillos, el sonido de los grillos o el discurrir del agua del arroyo creaban una sinfonía única que, pese a los “efluvios” nocturnos, nos hacían levantarnos con alegría, aunque con pesar en el cuerpo y el estómago.

Había que preparar el desayuno y de ello se encargaban Manolo e Isidro, con la ayuda de alguno de nosotros.

Mientras uno cortaba el beicon, otro freía los huevos. Toño, Pedro y yo, hacíamos el resto, cortar la hogaza de pan, poner los platos y calentar la leche. Gelo, era el último en estirar músculos, aunque el primero en fumar. Creo que salía de la tienda de campaña con él en la boca.

Tras el opíparo desayuno y pensando ya en lo que había que preparar para comer, se confeccionaba el orden y ruta del día.

Había que bajar a pescar.

Con todos los artilugios de pesca: cañas, carretes, hilos, moscas, cucharillas y, aún faltaba el cebo natural que cogíamos escarbando en la orilla del riachuelo Los Molines o en las proximidades del pantano nos lanzábamos camino del pantano.

Pescar, pescar truchas pocas, escallos y cachos, algunos junto con alguna boga. Era lo que abundaban. Como la pesca era “sin muerte”, devolvíamos los peces otra vez al agua, salvo si salía alguna buena trucha que, alguna salió.

Hacía calor y sobraba hasta la camiseta. Vamos, “nos freíamos”. Antes de subir al campamento tras la jornada de pesca, nos acercamos al Club Náutico para tomar algo en el bar. Allí dialogamos y disfrutábamos den unas cervezas frescas.

De vuelta al campamento, mientras unos pelábamos patatas, otros hacían el fuego y Manolo, preparaba el recipiente “heredado de los pastores” para hacer una CALDERETA, con mayúsculas, al estilo de los pastores de Luna. Toda la familia de Manolo es natural de Mirantes de Luna

, localidad hoy prácticamente abandonada de la que sólo quedan dos casas en pie, en lo que al pueblo antiguo se refiere.

A medida que Manolo removía con cuchara de palo la caldereta, el ambiente se impregnaba de un olor único, delicioso y que “alimentaba”.

La cocción a fuego de leña de la montaña, era lenta, lenta y el batería del grupo musical Halley, así nos lo explicaba.

Como la caldereta se hacía esperar, Pedro e Isidro comenzaron a cortar jamón y chorizo, haciendo correr la bota sin que se desperdiciara una gota “del tesoro de Baco”. Estaba delicioso el vino en bota. No era para menos, teníamos las botellas metidas en el riachuelo y tenían una temperatura idónea para tomar en pleno verano, sin que nos hiciese daño.

Dimos buena cuenta del embutido, sin olvidar al cocinero y, cuando nos pusimos a comer eran más de la cuatro de la tarde. Prisa no teníamos.

La caldereta de Manolo deliciosa no, lo siguiente. Todos le dimos un diez. Melón unos, sandía otros, el café se estaba haciendo y el orujo no podía faltar.

Preparamos las mesas cobijándonos en un agujero que abrimos entre los avellanos con sombra idílica y el sonido del agua del riachuelo refrescando, llegó la partida de mus. Como siempre reñida y discutida. Toño, hacía de árbitro y Manolo, Isidro, Pedro, Charuto y yo, nos jugábamos los puestos en la mesa. Al final era lo de menos porque de lo que se trataba era de pasar el rato.

La tarde, la dedicamos a pasear sin correr mucho para no cansarnos para la “tarea nocturna”. Nos acercábamos, otra vez, al Club Náutico de Mirantes que nos quedaba al lado. Allí saludamos a amigos, entre otros al presidente, Rafa Ramón compañero de Radio Popular de León que estará en “el cielo” leyendo esto, seguro, y acordándose de nosotros.

Toño, sacaba el acordeón, Pedro, la guitarra a medias con Isidro. Coro de voces, palmas y cachondeo: Gelo y Carmona. A la batería, Manolo.

Y nos dieron las nueve, y las diez, las once y las doce, la una y las dos  y “desnudos al amanecer fuimos a gatas por la pradera” hasta las tiendas de campaña.


El segundo día más o menos igual. Sin entrar en los pormenores, apuntar que el despertar fue peor que el día anterior. El desayuno parecido pero, Charuto no se metía en el agua porque estando tan fría y tenía tanto miedo a que le diese un mal, que prefería que se le notase la porquería, aunque disimulaba que no se metía en el agua del arroyo porque había muchos bichos.

Había que hacer algo de ejercicio después de visitar “roca” en plena montaña.

La ruta del día era ir a Mirantes de Luna pueblo antiguo de donde descendía Manolo. El paisaje era precioso pero no había ni una casa en pie, al menos en la zona principal del pueblo, si antes de subir.

Allí estaba para saludarnos el tejo centenario junto a lo que quedaba de la iglesia. Llegaron los recuerdos y Manolo como buen “Cicerone” nos mostraba el lugar de la casa de sus ancestros. Bueno, las piedras.

Sin ser “sueños”, los recuerdos se hicieron presentes,allí jugaba yo con mis amigos y mis primos”. “Allá arriba subíamos con el ganado”. “Por aquella zona escondíamos tesoros y a la luz de la luna, allí le di el primer beso a una amiga”. Los recuerdos se sucedían como las fotos que nos hacíamos. Una gran jornada.

El resto, más o menos como el día anterior.

Manolo, Isidro y yo, bajábamos al pantano a pescar y los otros visitaban el Club Náutico y preparaban la comida. Después, jugar la partida y dormir la siesta.

Después a preparar la cena y a hacer correr la bota de vino. Más leña al fuego, patatas y chorizos envueltos en papel de periódico y papel de aluminio, para que no se quemasen y, tras comernos las viandas, más queimada.

¡¡¡Qué vida más chunga…!!!

El despertar de la tercera noche era el peor. El domingo tocaba recogerlo todo y, después de comer marchar para León.
Las caras denotaban cansancio y pesadumbre a la vez.

Desayunamos, como siempre: huevos fritos, beicon y chorizo con el pan de hogaza, más el café con leche, algunos, porque otros hacían el desayuno con la bota cerca.

Con el estómago repleto, teníamos que recoger el campamento, desmontando las tiendas, doblándolas, colocando varillas, vientos y piquetas, sacudiendo mantas y sacos de dormir.

No daba tiempo para más así que no preparábamos comida ese día. Solo recoger el camping y llevarlo todo hacia los coches. Sólo dejábamos las mesas y las sillas sin recoger.

Con el desayuno abundante y tardío, sólo quedaba tiempo para el relax y el recuerdo antes de coger los coches para bajar hasta la capital del antiguo reino de León.

Era el momento de la nostalgia, de visualizar mentalmente a las esposas e hijos a los que no veíamos desde hacía tres días; a los amigos; recordar el trabajo al que teníamos que acudir al día siguiente, salvo quien estuviese de vacaciones y de preguntarnos si volveríamos al año siguiente.

Curiosamente, no volvimos más. ¿Saben por qué?

Fue el año de un tremendo incendio en el que murieron algunos bomberos y el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, entre otras medidas, prohibió la acampada libre.

Así, de ésta manera se terminaron nuestras aventuras de acampada en el Pantano de Luna, donde la pesca, que el primer año era lo más importante, se fue arrinconando para casi olvidarla, al igual que al mundanal ruido, el trabajo rutinario y, en plena naturaleza, disfrutar de tres días inolvidables en buena compañía de amigos y dónde la amistad imperaba sobre todo lo demás.

Gracias Isidro, Manolo, Toño, Pedro y Gelo (Charuto) por aquellos días maravillosos donde convivíamos en plena naturaleza y desarrollamos nuestra amistad. Siempre estaréis  entre “mis amigos de la pesca” aunque lo de pescar era una disculpa para disfrutar amigablemente en plena naturaleza. Ojalá pudiésemos volver a juntarnos aunque, en tienda de campaña estando próximos a los ochenta años, como que no pero casa de Isi o Manolo en Buiza de Gordón todo sería proponerlo.

 

Mis amigos de la pesca: Pescando el calamar sahariano con dos "canarios"...

ARCADIO BADÉL BENITEZ ARMAS Y DANIEL GONZÁLEZ ARMAS PESCADORES CANARIOS... Pescando el calamar sahariano en aguas de Agaete (Gran Canaria)...