JOSÉ
ANTONIO GONZÁLEZ VELÁZQUEZ “el abuelo de Hospital de Órbigo”
Desde
los 18 años trabajador de Eléctrica Leonesa (ELSA) y pescador con categoría
superior.
Ganador
de la VIII Semana Internacional de la Trucha de León
Texto
y fotos: Eduardo García Carmona
La
vida te da sorpresas y aunque llevo bastantes años conociendo a JOSÉ ANTONIO
GONZÁLEZ VELÁZQUEZ “el abuelo de Hospital de Órbigo”, no confundir con el “otro
abuelo que vivía en Astorga” (q.e.p.d), aunque ambos me acercaron a un club que
llevo muy dentro y al que pertenecí unas buenas temporadas, C.D. de Pesca a
Mosca Órbigo.
Lo
de las sorpresas va porque nunca me pude imaginar que lo tenía tan cerca y no
le conocí hasta llegar a pescar a Hospital de Órbigo teniendo un amigo en
común, José Mª Pérez Marcos “Chematu”. Fue en un clasificatorio de la sociedad
a la que pertenecíamos cuando más me acerqué a él pues me tocó controlarle en
un tramo de pesca por debajo de la presa de Santa Marina del Rey y le estuve
viendo y observando toda la jornada.
JOSÉ
ANTONIO “EL ABUELO” nació en León en 1938 casi en la misma línea divisoria de
León y Trobajo del Camino justo al lado de Cándido González “la fábrica de
vinos” próxima a la iglesia de las
Dominicas de la Anunciata. Aún recuerdo entre la iglesia y la fábrica las vías
del tren que existieron hasta los años 70. Allí mis amigos Manolo e Isidro
(Juan 5 Almas) además de juntarse a jugar la partida en el Bar La Montaña
cogían en la huerta de al lado las “merucas” para pescar en el Bernesga. Qué
tiempos.
En
aquella casa vivió hasta los 18 años momento en el “que fichó por ELSA” la empresa
eléctrica leonesa nacida en Abelgas. Esta con los años pasó a ser Unión
Eléctrica, comenzando a trabajar más tarde en Mora de Luna.
La
central eléctrica además de vida laboral le dio para conocer en Láncara de Luna
a “su Gloria” María Gloria la mujer con la que lleva desposado 62 años. Tiene
tres nietas/o, Mirian, Marina y Guillermo a los que ha dedicado tres de sus
creaciones a las que bautizó con sus propios nombres, dos efémeras y un
tricóptero y es que “El Abuelo” era un excelente montador de moscas.
La
afición a la pesca le llegó a muy temprana edad porque con dos años de vida su
progenitor, Antonio González Negro, le llevaba a pescar montado a hombros.
Con
14 recién cumplidos comenzó a tener libertad de pesca los domingos ya que había
hecho mayor. Con 13 años ya trabajaba en una tienda en la capital leonesa.
Entre
el Bernesga y el Torío acudía a pescar en bicicleta, en tranvía y autobús.
Precisamente en el río Torío conoció al padre de Luis María Fernández Luengo
pescando un día.
Sus
inicios fueron a cebo y después cuando comenzó a trabajar lo hacía a
cucharilla. Fue una época en la que, además de trabajar no dejaba de pescar.
Subía en los camiones del carbón que se dirigían a Villablino y por ello llegó
a “doctorarse como pescador” en los ríos Luna y Omaña.
Más
tarde llegó la pesca a pluma o leonesa y después la mosca seca a la que se aficionó
en la zona de la central eléctrica de Alcoba de la Ribera viendo pescar a un
aficionado francés al que se acercó curioso por ver a lo que pescaba. El abuelo
José Antonio llevaba su cesta repleta con buenas truchas de esas de más de kilo.
Para quedar bien se las mostró al pescador francés quedando impresionado. Le
preguntó a qué mosca le entraban y le mostró la cuerda indicándole a cual le
entraban las mejores porque pescar, pescaron las cinco que llevaba.
El
francés intentó buscar entre las suyas alguna parecida y, con lances precisos
comenzó a pescar con la más parecida que tenía. Posaba la seca en las aguas del
río Luna y ¡madre mía cómo subían a comerla!
Al
día siguiente José Antonio se fue a la tienda de caza y pesca que había en la
calle Ordoño II de la capital leonesa, ARMERIA ALONSO y como se llevaba muy
bien con el dueño, Enrique, le preguntó por una caña para pescar a seca. “El
abuelo” quedó impresionado con los precios de las cañas y quiso desistir pero
animado por el dueño se compró su primera caña de mosca seca, una línea y
varias moscas inglesas grandes confeccionadas con pluma de gallina de Guinea.
Sólo le cogió cuatro moscas porque “costaban un ojo de la cara”, me comenta.
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Feliz
como un niño con pantalones de estreno se fue para la Central Eléctrica de Mora
de Luna donde trabajaba y se puso a pescar. Lo que había observado viendo
pescar al francés y que parecía no tan complicado, se le complicó sobremanera.
Cada vez que intentaba extender la cola de rata y lanzarla con la mosca a las
aguas del río Luna, perdía una. Así que tuvo que esmerarse para no perderlas
todas. Eso sí, cuando le entró la primera trucha la sensación fue enorme pero
como no quería dedicar el sueldo a pagar lo que debía en Armeria Alonso, a
partir de ese momento, año 1967, se dedicó a “fusilar” las dos moscas que aún
le quedaban.
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Corriendo
por su propio corral y el de algún vecino desplumó más de una gallina y pollos.
Con esas “mimbres” y la amistad que llegó a tener con Cholo dueño de una tienda
de pesca en Mieres (Asturias) que le envió una revista de pesca, comenzó a ser
también autodidacta en el montaje moscas secas. Los cuellos eran muy caros y no
podía acceder a ellos así que se apañaba con lo que “les quitaba a los gallos
del corral” para hacer hackles.
Con
el tiempo y ya bien entrenado en el lance como autodidacta se compró una caña seca
“extensible” adquirida en un taller de bicicletas de Ponferrada que también
vendía material de pesca. Costaba 500 pesetas que era un sueldazo para él.
Fue
Pereda quien le limó asperezas en el lance y manejo de la caña en pleno río y le dijo que le enviaría una de
las suyas para que se olvidase de aquel “trasto”. Caña realizada por él mismo Pereda
con modelo de Guy Pas, el campeón francés de aquellos años. No la quería porque
era muy cara y le dijo que se olvidase del precio que ya la pagaría. Así fue y
así se “doctoró” en el manejo de aquella caña de 9 pies que era “gloria
bendita”.
Gracias
a Pereda y su caña fue como comenzó a destacar llegando a la competición.
Era
el año 1970, año importante para “el abuelo” como pescador porque el jefe de
personal de la empresa, Fernando Alba, le invitaba a pescar por Carrizo de la
Ribera zona muy conocida por él. “El jefe” se había apuntado a la Semana
Internacional de la Trucha de León y necesitaba un “instructor” y quien mejor
que José Antonio González. También le acompañó toda la semana quedando campeón
de aquella edición y la de 1973, también. En la VIII edición de la Semana
Internacional de la Trucha de León, 1972, participó JOSÉ ANTONIO GONZÁLEZ
VELÁZQUEZ y le cogió tanto gusto a éste evento que participó varios años más
hasta que la ganó, después de haber quedado clasificado segundo y tercero en
diversas ocasiones.
Lo
peor llegó cuando tuvo que operarse de glaucoma perdiendo “aquella vista de
águila” que tenía. Adiós pesca y adiós confección de moscas.
Ahora
junto con Moncho Jarrín, Chematu, Pepin Fidalgo, José Luis García y Chaqui de
La Mata forman una “cuadrilla de pesca única”. El abuelo, operado de corazón y
con un marca pasos, dejó de pescar pero no de acudir al río. “Voy al río con
ellos y me tratan como a un rey. Me llevan una silla plegable, me siento y les
veo pescar. Disfruto del río y de la amistad en plena naturaleza”, me comenta.
“El
abuelo de Hospital de Órbigo” envía un aviso a navegantes: respetar al río lo
primero. Después al prójimo como a ti mismo. Dialogar con los pescadores y
mostrar la cara más amable con todos, incluso intercambiando sabiduría de pesca
ganada con los años y mostrando el material con el que se pesca, no
escondiéndolo.
Desde
que apareció la ninfa, especialmente los perdigones se ha “jodido” todo, dice.
Es una porquería porque por donde pasan ellos es peor que por donde pasaban los
cucharilleros.
Anécdotas
tiene muchas el abuelo José Antonio.
Recuerda
las “pescatas” que hacían él, Bernardo e Isaías en la zona de Garaño cuando era
zona libre de pesca. Sus acompañantes vivían de las truchas que vendían y de
las moscas que confeccionaban.
Tuvo
días maravillosos pescando con Manolo, otro buen amigo y pescador. Acudían a la
zona de Selgas por debajo de la presa. Aquello era increíble. Qué manera de
sacar truchas y buenas, muy buenas.
El
abuelo José Antonio apunta que en Sardonedo llegó a pescar un día más de 10
kilos de truchas. Entre 15 y 20 kilos en otra jornada en El Condado aunque el
día mejor de todos los disfrutó en Santa Marina donde sacó cerca de 75 kilos de
truchas. En aquella jornada le había acompañado el director general de la
empresa eléctrica en la que trabajaba. Ojo, las truchas se devolvían al agua.
Recuerda
jornadas de pesca con el doctor Eguiagaray, otro ganador de La Semana
Internacional. Era un fenómeno con la caña de seca.
También
recuerda jornadas de no coger ni una trucha, casa de un día que acudió con
Alonso y Luis del Valle, de La Robla.
Pescando
en Rioseco de Tapia a la cuadrilla no se les ocurrió otra cosa que “meterse
entre lomo y espalda” un señor cocido leonés que les habían preparado en el bar
del pueblo. Ellos en plena naturaleza sólo hicieron que calentarlo. Habia unos
pescadores extranjeros pescando allí y cuando nos vieron comer aquel “cocidazo”
no daban crédito…¡Bon apetite!, decían. Qué tiempos…!!!
Gracias
JOSÉ ANTONIO GONZÁLEZ VÁZQUEZ “el abuelo de Hospital de Órbigo” por ser uno de
mis amigos de la pesca y por estas maravillosas aventuras contadas.