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viernes, 8 de mayo de 2026

Mis amigos de la pesca: JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ FERNÁNDEZ “Chema”, criador de gallos de pluma de León...



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ FERNÁNDEZ “Chema
”, criador de gallos de pluma de León, adobador de moscas y enamorado de los mastines y además, futuro abuelito

 

Texto y fotos: Eduardo García Carmona y Chema

 

El hijo del señor Aníbal, que decían en los pueblos, JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ FERNÁNDEZ “Chema” el de La Cándana de Curueño (León) es otro totalmente diferente al que conocí en los años 80.

Chema, jubilado de su trabajo en Valsemana (León), finca perteneciente a la Junta de Castilla y León centro dedicado a la recuperación de fauna, bien merecía retirarse de la vida laboral activa después de 40 años cotizados.

A José María González desde niño además de ir a la escuela, atender y ayudar en casa realizando labores muy normales en los niños de su época como ir a los recados, cuidar el ganado y atender el corral, todavía tenía tiempo para dedicarse a la pesca. De aquella, me comenta, “ir al río era el juego diario de los niños del pueblo. Ahora lo tienen todo y cuando no los llevan a cursillos de todo tipo sólo juegan con el teléfono móvil o la tablet”. Qué razón tiene.

El espíritu aventurero y las ganas de conseguir retos hicieron posible que aquel niño que se divertía en la calle también tuviese otras inquietudes y la pesca en el río era su pasión. Sólo tenía que cruzar la calle donde vivía y en pocos metros estaba en el río Curueño.

JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ FERNÁNDEZ “Chema”, nació en La Cándana de Curueño en 1960. Con 7 años comenzó a pescar como una mayoría de los niños con los que jugaba y con un palo y un alfiler acudía a la orilla.

Su padre, Aníbal, le aficionó a pescar con un varal enorme con el que casi no podía. Él fue quien le metió el “gusanillo” definitivamente en el cuerpo.

Se fijaba en todo y viendo a los pescadores en el Curueño fue como comenzó a elucubrar como confeccionar moscas pelando los pocos gallos que tenía su madre en el corral para consumo familiar. Era la vida de entonces con la escasez que existía por los pueblos.  En su casa se vivía de lo poco que producía la única vaca, algo de la tierra (huerta) y, aunque nunca

faltaba comida, tampoco era abundante. Había que estrujarse la cabeza e intentar medrar de alguna forma. La escuela no daba para más que “las cuatro reglas” y después a currar. Así fue como ayudando en casa comenzó a ayudar en la matanza y a realizar las corras de chorizo para ahumar, las costillas, el lomo, las caretas del cerdo. Todo se aprovechaba. Así se aficionó a las tradiciones del pueblo y a colaborar en todo.

Con la pluma de aquellos gallos del corral comenzó a hacer sus primeros pinitos en el montaje de moscas y a los 11 años por fin consiguió la primera trucha con una de sus moscas. Tenía un amigo, LORENZO, conocido por Cueto, con el que salía a diario al río. Hace pocas fechas que tuvo que despedirse de él  yéndose al otro mundo. DEP.


Los animales y la naturaleza “le tiraban mucho” pero se tuvo que ir a la capital del viejo reino (León) para ganar “unas pelas” enviando parte para ayudar a sus padres. Así trabajo de camarero en un conocido bar cafetería, La Canasta. De allí a Barcelona porque al joven Chema no se le daba mal la profesión tras
la barra o sirviendo cócteles que el mismo preparaba. En tierras catalanas duró tan poco como “un caramelo en la puerta de un colegio”. Lo suyo era el pueblo y la naturaleza y volvió a La Cándana de Curueño. Echaba en falta el campo, el río y el monte pero, especialmente a los animales del corral y los perros. Así fue como comenzó a criar mastines.


Las noches de verano se le hacían muy largas y comenzó a furtivear a la luz de la luna o amparándose  en la oscuridad de las noches veraniegas mientras los demás dormían. No abusaba. Pescaba hasta conseguir las truchas que le encargaban y para alguna merienda con amigos. El dinero que sacaba lo entregaba a su madre aunque siempre se quedaba “algo” por el camino o gastos juveniles.

Recuerda la única denuncia que tuvo y no por pescar furtivo. Me cuenta que “un día pescaba el coto de El Condado en el río Porma un buen cliente de Madrid que le compraba pluma y como era de edad avanzada (80 años) decidió acompañarle para mostrarle las mejores zonas. Le montó la cuerda a la leonesa y le hizo un par de lances como demostración. Al poco apareció el guarda, Alberto, a lomos de su caballo cruzando el río y pidiendo la documentación. Chema no tenía el coto y el guarda como le había visto con la caña en la mano, aunque no en ese momento, le denunció. La multa cuando llegó a casa la abonó el pescador madrileño”.

Criar los gallos y vivir de la pluma que vendía a particulares y los montadores de moscas o armerías fue su negocio hasta darse cuenta que no necesitaba intermediarios haciendo de un rincón de su casa junto a la carretera general su “oficina” de negocio. Los clientes subían cada vez más y es que la calidad de la pluma
de los gallos que tenía en el corral frente a su casa era muy buena gracias al trabajo diario de Chema y sus cuidados aunque, especialmente, gracias a la nieve, las heladas, el agua de la zona y el que los gallos viven en libertad en plena naturaleza. Ha conseguido recuperar pardos aconchados con bandas únicas de moteado
circulares como conchas marinas y flor de escoba con penca gruesa que no se veían mucho. Consiguió buenos ejemplares de indio y comenzó a trabajar en ellos sacando líneas próximas a los indios plateados, salvando las distancias, y excelentes indios acerados en sus diversas tonalidades.

La calidad de la pluma de los gallos de Chema le dio fama en todo el mundo y no escamoteó esfuerzos por conseguir variedades casi perdidas. Así aumentó su negocio dedicando casi por entero al corral que tenía frente a su casa y que cuidaba con mucho mimo y cariño sus mastines. Dándose cuenta que su pasión por esta raza tan leonesa también podría ser un  buen negocio se dedicó a ella. A la larga fue otra forma de ayudar a la economía de la casa. Se presentó a varios concursos provinciales y de la comunidad autónoma consiguiendo varios premios. Curioso, a todos sus perros les ponía nombres de ríos de León y Asturias (Esla, Porma, Curueño, Narcea, Sella).

José María González comenzó a salir de León llevando la calidad de las plumas de sus gallos por diferentes ferias del norte de España. Se hizo un hueco importante en la Feria del Salmón de Cornellana donde lleva muchos años acudiendo. Desde que se jubiló es su compañera, ELENA TASCÓN ESCAPA, de
Sopeña de Curueño
, la que ha “heredado” parte de su población de gallos y los cuida en su propia finca en dicha localidad leonesa junto al río. Desde que Elena se está dedicando por entero a la cría de gallos de pluma para la pesca su negocio, PLUMASTIN, ha crecido tanto que ha dejado “en el olvido” a Chema. Elena tiene cuatro veces más clientes que Chema. Quién lo diría en tan escaso periodo de tiempo. Ella es el “alma mater” del negocio actual desbancando a su compañero.

Chema continúa con algunos gallos para pasar el tiempo en La Cándana pero, sobre todo, dedicándose a la cría de los mastines.

Sale a diario a “darle al pedal” con su bicicleta recorriendo caminos por el monte y observando la naturaleza que es lo suyo y, además de pescar en los ríos leoneses acude


a tierras asturianas a pescar reos y salmones, aunque cada vez hay menos. “Esto se nos acaba, Eduardo, porque cuando no es la contaminación son las enfermedades, el furtiveo, cormorán y el negocio que supone la venta del salmón”.

A causa de la disminución de la pesca del salmón en Asturias ha buscado otros lugares donde acudir. A estado en Islandia pero opina que no merece la pena pagar tanto dinero para sacar unos peces, cuando se consiguen sacar que tampoco es tan  fácil como muchos opinan, “sobre, todo dice, si pescas a mosca porque es muy complicado con aquellos ríos y la climatología adversa que domina mayormente con fuertes vientos”. “Mimando lo que aún tenemos en Asturias el salmón se podría recuperar si es que les dejan dar la vuelta cuando salen a alta mar. La pesca sin muerte puede ser una solución pero faltarían muchas acciones más”.


JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ FERNÁNDEZ “Chema”
vive una cómoda vida con la jubilación y se encuentra a la “espera de que una de sus hijas, de las dos que tiene, la que vive y trabaja en Gran Canaria, en Las Palmas, le haga ABUELO. De momento, la que vive en La Vecilla, no. O sea en pocos días Chema se convertirá en “EL ABUELO CHEMA”.

Particularmente le he dado algún consejo como “triabuelo” que soy porque se “le va a caer la baba”.

Gracias Chema y que esa vida de tranquilidad que te has ganado con el esfuerzo de años sean de verdadero júbilo que es el significado real de la jubilación.

Por cierto, nos veamos mucho o poco siempre serás “uno de mis amigos de la pesca”, aquel que me hacía “un mosquito especial” que pescaba al sereno como pocos y eso que era feo, con brinca azul con mezcla de pluma indio y pardo sarrioso oscuro que

pescaba hasta viéndose sólo el anzuelo con “unos hilines de seda” en el cuerpo totalmente destrozado. Vamos, como El Cid Campeador “ganando batallas cuando estaba muerto sobre el caballo”.

viernes, 1 de mayo de 2026

Mis amigos de la pesca: CÉSAR LAUSIN REDONDO “el curina”...


CÉSAR LAUSIN REDONDO “el curina”
, un leonés de pura cepa y “sin iglesia” pero con “el tatuaje de la pesca en la piel”…

 

Texto y fotos: Eduardo García Carmona y C.L.R.

 

Bayón, César y Virutas
Reconozco que jamás he pensado en tatuarme algo en mi piel pero si algún día lo hiciese, que lo dudo, sería una trucha con sus pintas en rojo, negro y gris saliendo por encima del agua a tomar una de mis moscas. Estoy convencido de que muchos así lo querrían pero, “raspar profundizando la piel y añadiendo la tinta extraída de “la Posidonia acuática” sería mucho para una afición.


CÉSAR LAUSIN REDONDO
es un leonés de pura cepa; un “cura sin iglesia” y  con un  “el tatuaje de la pesca en la piel” con los verdes y azules de la planta acuática del Mediterráneo. Ama tanto a la pesca como a su León del alma. Como Isabel y Fernando “tanto monta, monta tanto·.


Lo de “Curina”
, quienes no le conozcan, pensarán que es porque estuvo en el seminario metropolitano de alguna ciudad pero no. No, rotundamente no. Ni seminarista ni nada parecido. Es amigo de sus amigos y “mediador de todas la causas perdidas o por perder”. Es tan bueno que hasta que no le conoces realmente no te puedes dar cuenta de la signatura “apostólica” que irradia allá donde va.

Su fisionomía facial denota ternura, templanza e incluso añoranza de otros tiempos pero, esa cara singular con gafas metidas por encima de sus pómulos que ocultan sus ojos, no son otra cosa que sinceridad y bondad aunque, cuidado que “también muerde”.


A CÉSAR LAUSÍN
le conocí cuando las fotografías eran en blanco y negro para la prensa. Ahora también pero las menos. Corrían los años 80 y León era todavía “un pueblo” donde todos nos conocíamos.

José Luis Rodriguez
A su lado siempre estaban personas amigas que se reunían “alrededor de la pesca”. Así surgió La Semana Internacional de la Trucha de León pero antes también estuvo en mil y una historias con la federación leonesa de pesca a cuyo frente estaba su amigo, JOSÉ LUIS RODRIGUEZ, más conocido por “el cabezón” y es que lo que él dijese “iba a misa si era menester”. O le dabas la razón o sino ahí tienes “la puerta”. Es un decir porque José Luis, salvo con un presidente de la federación española de pesca, JOAQUÍN DÍEZ Y DIEZ,  leonés por más señas de la zona del río Omaña creo que de Santiago del Molinillo nunca tuvo nada más gordo. José Luis se ha llevado bien con casi todos si no le llevabas la contraria. Si le hacías un contrato publicitario mejor que mejor porque para eso era director de la agencia leonesa, FILESA PUBLIDAD junto a su amigo y compañero, Indalecio y otros empleados como Ramón. Eran como una familia.

Con el leonés del Omaña tuvo serias disputas que acabaron en broncas sonoras y con la destitución del de la nacional (fepyc) por “intentar aprovechar su cargo” y tener un talonario de permisos de cotos para pescar cuando quisiera. Al menos eso contaron los medios de comunicación cuando la guardería le denunció pescando en Rioseco de Tapia.

Qué tiempos aquellos en los que lo contaba en el Diario de León para regocijo de propios y extraños.

El caso es que estoy contando historias y aventuras de mi estimado CÉSAR LAUSIN REDONDO “el curina” y si no freno terminaré contando “las mil y una noches de la pesca en León”.



EL CURINA "sin bonete ni sotana"
nació en la capital leonesa allá por el mes de marzo de 1942 comenzó a pescar cuando tenía 13 años en el río Bernesga, el mismo que conocía toda la chavalería desde La Jabonera hasta su desembocadura o cruce con el río Torío. Allí pescaba y se bañaba toda la juventud de León en los días calurosos. Durante el baño se veían las mulas o burros “botijeros” con sus dueños anunciando el producto, botijos donde se mantenía el agua más fresca del “mundo mundial”.

Del cebo natural o meruca, pasó al rancajo y gusarapa. Después a la cucharilla y más tarde al mosquito ahogado en aquellas cuerdas de los primeros ochenta. Después, pesca a la leonesa.


Con el tiempo y los amigos se modernizó tanto que comenzó a ser experto en el arte del “lance pesado” o “cola de rata” que aún no se a que son debidas estas denominaciones porque no es pesado el lance, ni he visto nunca una cola de rata prendida en el carrete (jajaja).

De “aquí al cielo” que se dice. Así llegó la competición en río para salmónidos, ciprínidos y hasta probó fortuna en el mar. En cada “departamento o modalidad” destacó sobremanera aunque nunca ha sido campeón de nada. Se subía al cajón de los premios de vez en cuando pero nunca al más alto.

Le admiraban por su calidad y cualidad humana pero, especialmente, por ser como era ayudando a todos los que necesitaban algún consejo de pesca o en la vida.

Un artista de la amistad hasta en el lago donde habitualmente te encuentras a

LAUSÍN con INO, el huevero de la calle Villafranca y otros amigos aunque cada vez menos. Los años son los años y “las clavijas” hay que engrasarlas cada vez más y como el cariño de la amistad no es suficiente hay que reservarse en el río,  no tanto en el lago. Cada historia a su tiempo. Ahora con el bocata, la empanada, la cerveza, el vino o lo que sea necesario pero compartido por la pandilla de pesca es suficiente. Lo de la pesca es una disculpa.

Por qué comenzaron a llamarle CURINA es una historia singular.

CÉSAR LAUSIN REDONDO ha sido también cazador. En una de las muchas jornadas cinegéticas en compañía de

RAFAEL LÓPEZ “el gitano” aunque no lo era de raza, y MUNDO EL ANDARRÍOS, caminando en mano por una de las llanuras de las tierras leonesas estos dos amigos discutían asiduamente por uno u otro motivo. Mundo que siempre cogía para dar la mano el “ala derecha” solía distanciarse con el peligro consiguiente. Eso conllevaba además pérdida de caza. Los compañeros, salvo CÉSAR, le llamaban la atención. El único que “ponía paz” en las discusiones era LAUSÍN y por ello decían que parecía un cura con sus sermones poniendo paz.

Descanso después de una jornada de lago

Un día pescando en Tierra de La Reina por encima de Riaño, Mundo “el Andarríos” continuó haciendo honor a su sobrenombre y, aunque quisiera ir dando la mano entre los dos repartiéndose las orillas  siempre desaparecía y se ponía a pescar por delante dejando la orilla y el río pisoteado. Vamos que “si fuese sol, no calentaba a nadie. Solo a él”. El que viniese detrás que se fastidiase.

Un día corrió tanto pescando y adelantándose a los demás que no le encontraban. Preguntando a otros pescadores con los que se encontraron y dando referencias de cómo iba vestido, uno de ellos contestó “si hombre será el cura con el que nos encontramos más arriba”. 

Es que Mundo vestía aquella jornada prendas negras y una gorra, especie de pamela de cazador de safaris con la que parecía un cura desde lejos. Cuando apareció Mundo “El Andarrios” todos le llamaron la atención y hubo media bronca”. CÉSAR se erigió en el salvador de Mundo y, desde entonces por el aspecto de cura que tenía y la bondad defendiéndolo,  César se ganó el apodo de CURINA.

CÉSAR LAUSIN REDONDO “el curina” metido en años como la gran mayoría de pescadores de nuestra generación, cada vez sale menos a los ríos a pescar y busca la amistad de los amigos, el trato y el agradable encanto de la naturaleza. Lo de menos es pescar. Se trata de estar relajado que “la espalda y las clavijas” cada vez dan más problemas, dice.


Estimado amigo que nos veamos muchos años más por esos andurriales junto al río, por esos caminos que nos llevan a la gloria de la pesca, aunque no pesquemos tanto como antes y que disfrutemos muchos años de nuestra afición que no por pescar mucho somos más pescadores. Pescador es quien pesca un pez, que se dice, aunque muchos de competición que tú y yo conocíamos siempre querían ser los mejores “con trampas” si era necesario o no recuerdas Curina cuando en un
pesaje de La Semana Internacional de la Trucha de León a una trucha que pesaba mucho le salía de la boca una tira de plomo. Qué cosas se hacían menos mal que después llegó la pesca sin muerte y el pesaje se hace con fórmulas iguales para todos.

César como me he enterado de que has estado pescando por La Patagonía, espero que pronto antes que tarde, vuelvas a coger “el pajarito” que te lleve a aquellos ríos y parajes que  también conozco y disfruté en tres ocasiones.



Gracias, amigo. No veremos por la orilla de alguno de “nuestros ríos”.

Mis amigos de la pesca: JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ FERNÁNDEZ “Chema”, criador de gallos de pluma de León...

JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ FERNÁNDEZ “Chema ”, criador de gallos de pluma de León, adobador de moscas y enamorado de los mastines y además, futuro...