Llega La Feria de La Vecilla que también trae la presentación de AMIGOS DE ANZUELOS, AGUA Y RAMAJE día 7 de marzo y el recuerdo a...
MANUEL
GÓMEZ FERNÁNDEZ, criador de gallos de LA VECILLA (León)
Recuerdos
de una retransmisión radiofónica en directo desde el corral
Texto
y fotos: Eduardo García Carmona
La
Vecilla, La Cándana, Sopeña, Campohermoso, Aviados... son pueblos de León donde
el aire, agua y subsuelo comentan que tienen uranio. Esto hace posible que una
raza de gallos con un plumaje único se dedique a la confección de moscas para la pesca.
Uno
de los criadores insigne hasta finales del siglo pasado fue MANUEL GÓMEZ FERNANDEZ hombre sencillo y llano
de La Vecilla de Curueño pueblo donde vivió y se dedicó, entre otras cosas, a
la cría de un ave singular que lo significa todo para la pesca en la zona, EL
GALLO DE PLUMA DE LEÓN.
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| Carmona con Don Manuel |
Recuerdo
a Manuel Gómez en su casa de doble planta en una callejuela pasada la iglesia,
junto a la carretera de La Vecilla, a un lado de la bifurcación hacia el otro
valle, el del Porma.
Fue
el hijo de un compañero de Radio Nacional de España en León, Carlos Sanz, quien
nos preparó el terreno para realizar un reportaje sobre la cría de los gallos
de León. Carlos Sanz hijo, era el director de Caja León en La Vecilla y
conocía de primera mano “el paño”.
Le
vendí el reportaje a nuestra emisora regional y prestos, con Carlos Sanz padre
como técnico de sonido, acudimos hasta la localidad donde realizaríamos una
conexión vía telefónica desde el propio corral.
Todo
fueron facilidades. Había que subir al primer piso de la casona por unas
escaleras exteriores. MANUEL GÓMEZ nos mostró su hogar adentrándonos en la
cocina dónde encima de una mesa circular con hule de los de antes, mostraba las
cajas con los plumajes de los gallos dedicados a la venta.
Mientras
el técnico tiraba cable para la conexión desde la propia casa de Manuel hasta
el corral, a mí tocaba dialogar con el criador. El personaje me mostraba todo
lo que tenía comentando los pormenores de “su obra” con muchos años de trabajo.
Todo
aquello, tan rústico y en plena naturaleza, me parecía un sueño porque se
trataba de “hacer cantar a los gallos” en una retransmisión radiofónica en
directo para que toda Castilla y León escuchase “sus conciertos de cacareo” y
las singularidades de una raza de gallos sin igual. Una pasada.
Mientras
me contaba pormenores de la cría y las razas de lo que estaba viendo, el sonido
llegaba a
ser impresionante. Nunca creí que tanto cacareo me “podía volver
medio loco” pero, así fue al final del reportaje en directo. Los GALLOS DE
PLUMA DE LEÓN se oyeron por toda la Comunidad Autónoma y la retransmisión fue
un éxito y tanto el técnico como yo fuimos felicitados por la dirección
regional.
Aún
recuerdo las manos rudas con callos y durezas de “Don Manuel”. En lugar de
criador de gallos parecía agricultor y es que de todo realizaba aquel buen
hombre en su corral porque también tenía huerta. Su rostro denotaba los rigores
del clima. Tez y manos curtidas y semblante amable y simpático con cara de
bonachón.
Era
un negocio “casero y familiar” donde casi doscientas gallinas y gallos de León
corrían y comían en plena naturaleza por la pradería con el cobijo de unas
casetas con techo de Uralita donde se guardaban ante las inclemencias y las
noches.
Los
gallos más fuertes eran “los jefes” del corral. Las gallinas estaban a su
servicio para todo. El más fuerte era el líder y pobre de aquel que se
atreviese a quitarle alguna gallina de su “selección”.
Me
recordaba Manuel que muchas veces tenía que “poner paz en el gallinero” por las
peleas con desgracias para algunos buenos ejemplares que, en lugar de esperar
su momento, se atrevían a desafiar al jefe del gallinero antes de tiempo.
Me
mostraba las diferentes razas: pardos e indios. Eran muchos más los primeros y
tenía buenos ejemplares como se muestran en algunas de las fotos del reportaje.
Todo
era rudimentario. Me decía que esperase a que cogiese un ejemplar para
mostrármelo y contar en directo la pela del gallo. Mientras, le fui preguntando
por los detalles de la pela y el sacrificio de la cría del gallo desde
polluelo.
Una
pasada verle corriendo y arrinconando a un ejemplar para pelarlo. Don Manuel
estaba metido en años, no era un chaval precisamente pero la agilidad la tenía
junto a la experiencia demostrando que estaba en forma.
Metía
al gallo entre las piernas después de atarle las patas y manos a la obra.
Una
pasada que nunca olvidaré. Sólo faltaban Juan de Bergara y Lorenzo García
aunque su manuscrito, el de Astorga y las 33 primeras moscas salieron a relucir
en la retransmisión.
La
belleza era paradisíaca. El lugar se encuentra enclavado entre montañas. El río
Curueño atraviesa buena parte de sus tierras y linda con el corral. Aquí habita
un ave cuyas plumas se dedican a la confección de mosquitos para la pesca. Las
variedades de su plumaje hacen posible, gracias a la tonalidad, brillo y
moteado, las distintas clases de pluma que se utilizan para la confección de
moscas y mosquitos para la pesca de la trucha, nos contaba.
Comentaba
que, en La Cándana y Sopeña se criaban los mejores gallos de pluma india, con
sus diferentes características: indio plateado, acerado, avellanado, rubión,
palometa, negrisco, etc.
Los
gallos, aunque en cautividad, viven en pleno contacto con la naturaleza
recibiendo por parte de su cuidador todo tipo de atenciones para que su plumaje
sea de auténtica calidad. Así lo exige el mercado nacional e internacional.
¿Por
qué estos gallos sólo se dan en esta zona? Nadie da una explicación correcta,
al menos científicamente pero, lo cierto es que se ha intentado criar en otros
lares provinciales y nacionales e internacionales, siempre con resultado
negativo después de varias pelas porque los gallos terminan degenerando y
pierden todas sus cualidades.
Las
gentes del lugar comentan que quizás sean los suelos de la zona -se dice que
hay uranio-. Otros dicen que si el entorno natural con frío y sol abundante,
dependiendo de la estación del año. Otros, que si por el agua... ¡Quién lo
sabe!
Lo
cierto es que los experimentos
realizados en otras zonas, son eso,
experimentos, apuntaba Manuel. Algo tienen estos pueblos de la montaña leonesa
junto al río Curueño que hacen posible que estas aves se críen de forma única
dando fama a León por la gran calidad de sus plumajes.
Son
algunos los criadores que todavía existen en La Cándana, Campohermoso, Sopeña, La Vecilla e incluso en Boñar. Todos
coinciden que la cría de estos gallos no es negocio. Gracias a estos criadores,
León tiene una riqueza sin igual, aún. Falta unión entre los pocos criadores
que aún hay en la zona. No reciben subvenciones oficiales por la crianza de
pollos para la pesca. De recibirlas se convertirían en industria importante en
la zona que daría trabajo a muchas personas.
Mantener
un pollo hasta que se hace gallo es caro. Ya desde pequeño necesita muchos
cuidados y buen pienso además de picoteo en el corral y pradera. Cada uno come
unos 15 gramos diarios. Cuando llega a mayor sobre los 200 gramos. También hay
que vacunarlos, me comentaba Manuel.
Lo
que da un gallo son tres pelas al año, aunque alguno llega a cuatro pero no
toda la pluma que se extrae es de primera calidad.
Las
pelas de invierno son las peores. Con las heladas y el frío, el gallo echa
mucho plumón y da poca producción,
incluso la escasa pluma que se consigue vale poco dinero en el mercado.
Los
gallos indios son mucho más delicados que los pardos. En el momento que se les
saca de La Cándana o Sopeña, degeneran. La pluma se pone sucia, pierde calidad,
brillantez y tersura.
Los
indios son gallos muy delicados. La raza es muy antigua y degenera mucho la
sangre atacándoles todo tipo de enfermedades: cocidiosis, leucosis, el mal de
Mère, etc., enfermedades que hasta hace poco no se conocían en la zona y que
terminó con la vida de cientos de gallos. Los estudios realizados hicieron
posible atajar parte de los males.
Los
gallos pardos son más fuertes a las enfermedades, necesitando menos cuidados
por parte de los criadores. Es la raza que predomina en la zona, principalmente
en La Vecilla, Campohermoso y Aviados.
Antiguamente,
antes y después del Manuscrito de Astorga (1624), se hablaba de los gallos de
Boñar y, a la vez de los gallos del Curueño. Gallos del Curueño sí pero, Gallos
de Boñar, también. Personalmente, “lo mismo me da, que me da lo mismo”, lo
importante es que los gallos y el Manuscrito de Astorga son de León y esperemos
que nunca se pierdan, como ocurrió con el Manuscrito.
Gracias
don MANUEL GÓMEZ FERNÁNDEZ, criador de gallos de LA VECILLA (León), porque
desde ese día, además de conocerle y fue un honor, ha pasado a ser uno de “mis
amigos de la pesca” por derecho propio y que ruegue desde el cielo para que
ésta raza única de León no se pierda jamás y me traiga usted suerte en la presentación de mi libro AMIGOS DE ANZUELOS, AGUA Y RAMAJE, el sábado 7 de marzo a las 17,15 en el salón de actos del colegio Santo Tirso, frente al pabellón de la feria.Nos vemos...