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Con el valenciano Roberto Coll |
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Con Luis Meana |
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Con mi amigo Beni (Dep) |
PESCANDO
EN EL SELLA Y EL NARCEA con Roberto Coll y Luís Meana o lo que es lo mismo, con
los creadores de las “Palomino” y “el pardón de Meana”
Amistad
y pocos reos, aunque abundaron esguines de salmón y truchas
Piedras,
moras y avellanas de recuerdo en paisajes únicos y el recuerdo de Beni, mi querido amigo, que estará leyendo esto
desde el cielo
Texto
y fotos: Eduardo García Carmona
No.
No es “oro todo lo que reluce”. Esta historia la debo contar “sin pelos en la
lengua”, aunque con pasión de pescador y en recuerdo a un gran amigo de
infancia que se me ha “marchado a pescar con San Pedro” el año pasado,
BENIGNO
PERFECTO SÁNCHEZ FERNÁNDEZ, nacido en Lieres, criado en Oviedo y que disfrutó
muchos años de Candás donde residía últimamente.
Las
dos historias de pesca se remontan a 2009 y me satisface sobremanera el haber
podido pescar aquél verano en Asturias, cuando yo residía en Las Palmas de Gran
Canaria, con dos grandes en la confección de moscas, buenos
pescadores y
mejores personas: el valenciano, ROBERTO COLL, y el madrileño, aunque asturiano
de adopción y familia, LUIS MEANA.
Con
la sinceridad que me caracteriza, debo confesar y confieso que ninguna de las
dos jornadas fue buena en pesca, pero excelente en la amistad y conocimiento.
EN
EL SELLA VISPERA DEL DESCENSO
La
visita al Sella estaba prevista para el día 8 de Agosto de 2009, víspera del
Descenso. Las piraguas nos la jugaron en la carretera especialmente. En el río
elegimos pescar por encima de la localidad de Caño, a pocos kilómetros de
Cangas de Onis, concretamente a la altura del pueblo de Miyares, en el Coto
salmonero de Matagües, ese invento que han llamado, desde esa temporada, cotos
parciales. Claro que no fuimos a pescar salmón, si no a pescar reos y truchas.
La
jornada se inició unos metros antes del puente de Cangas de Onís. Había que
saludar a Ramsés y Kiko, aunque sólo el primero era el único, de los dos
regentes de la tienda de Pesca “El Gordo”, que se encontraba en el
establecimiento, trabajando. Un comercio dedicado a la pesca desde hace muchos
años y centro de precintaje de salmones que por cierto ya no existe.
Después
del saludo a Ramsés, carretera adelante por la avenida de Castilla, hasta
llegar al destino señalado de antemano.
El
día estaba nublado y parecía que llovería, pero no, no llovió, aunque algo
chispeó.
Nada
más salir al Sella, que baja hermoso de agua y colorido, Roberto se queda en un
brazo del río y yo elijo un regato o brazo pequeño que salía de la arteria
principal de agua. Dos primeros lances y dos reos. El comienzo no podía ser más
prometedor. A mí me parecían truchas pero, aunque de poco más de 25
centímetros, eran reos. La mosca empleada era un pequeño tricóptero con cuerpo
verde oliva, cerco rubión y tejadillo flor de escoba.
Roberto,
no terminaba de estrenarse, pero yo no volví a sacar algo más, hasta pasada
media hora. En ese momento lo que entraban eran pequeños esguines de salmón.
Por
fin, Roberto, comenzó a estrenarse en el
Sella. Un lance y un esguín. Él creía que era trucha. Otro lance y otro esguín
de salmón. Así estuvo durante más de una hora sacando pequeños esguines que
disfrutó como pocos. Su satisfacción era mayúscula por doble motivo: sacar
pequeños salmones en el Sella y por estar rodeado de una naturaleza sin par,
bella y hermosa, con montañas rodeándonos, nubes en lo alto, niebla en la
montaña y un verdor único, el verdor de Asturias.
Tras
conseguir varios de sus trofeos con su mosca favorita, su propia creación, un
montaje especial llamado “Palomino”, con cuerpo color salmón y una especie de
cola plástica quemada, y conseguir ver algún reo de los de campeonato, pero
saltando, decidimos salir del este río repleto de “trasgus” y “xianas”, de historias y leyendas.
Antes,
Roberto Coll se llevó una pequeña piedra del río Sella para su colección. Si,
sí, Roberto, colecciona piedras de todos los ríos que ha pescado en España y
fuera de nuestro país. A este paso su esposa acabará lanzándoselas o a la
cabeza o a la basura, es broma, pero creo que no le van a coger en casa.
Una
buena merienda en un bar de carretera, en Caño, y tras dejarle en Cangas, nos
dirigimos mí querido, Daniel González Armas, testigo y fotógrafo de lo
acontecido en la jornada. El canario y yo, nos fuimos para Perlora, donde
estábamos de vacaciones. El verdadero problema fue cruzar Arriondas con las
miles y miles de personas que se apostaban a un lado y otro de la carretera en
tiendas de campaña o en coches y furgones, con la alegría de la fiesta dentro.
La fiesta de las piraguas comenzaba a estar presente, pese a que la lluvia
calaba.
CON
LUÍS MEANA Y SU PARDÓN EN EL NARCEA, por encima de Puente Quizanas, en el Zarro
y el campo de fútbol de Cornellana, próximos al Monasterio de Corias, en los
Kiwis y Marcel.
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Luis Meana |
En
2009 no conocía a LUÍS MEANA personalmente y la verdad es que es un encanto.
Dos
libros, el de LOS COTOS Y POZOS SALMONEROS DE ASTURIAS, del que él es autor, y
el de “DÓNDE Y CÓMO PESCAR EN LEÓN”, cuyo autor no es otro que yo mismo. Dos
libros que nos intercambiamos y que nos han unido en la distancia larga y
corta.
Todo
comenzó en la distancia larga, vía teléfono. Quedamos en Asturias para ir a
pescar un día al río Narcea. El día elegido fue el 25 de Agosto.
La
distancia corta comenzó el día que nos conocimos en persona. Fue ese 25 de
Agosto, a las ocho de la mañana, en el bar restaurante La Vega, próximo a la
localidad de Peña Ullán, en dirección Soto del Barco a Pravia. Nos acompañaba
mi buen amigo Benigno Sánchez, Beni, que fue el testigo de la jornada y
fotógrafo.
Tras
los saludos y un café, nos dirigimos a Puente Quinzanas para ver como bajaba el
río Narcea. El estado no podía ser mejor con buen caudal, buena temperatura,
sobre los 20º que llegó hasta los 24º a lo largo de la jornada, con cielo
cubierto y amenaza de agua. Sólo faltaba que los reos se pusieran a tiro y entrasen
a nuestros engaños.
Dejando
el coche al lado del campo, y mientras Luís terminaba de confeccionar el bajo
de su línea, Beni, a mosquito ahogado, ya había cogido camino hacia el río,
saliendo yo al poco rato. Cuando llegó Luís al tramo, me encontraba en medio
del río pescando unas raseras donde había conseguido pinchar un par de
truchillas. La orilla de allá tenía un aspecto sensacional. Hacia allí me
dirigí mientras Meana se situaba en la tabla superior a la mía. Conseguí pinchar otras tres truchas más y sólo pude
sacar una de unos 20 centímetros, devuelta al agua. Los reos no aparecían.
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Subimos
los dos hacia el pozo “El Regato”. Allí, una hermosa tabla con entrada y salida
en el pozo, y un buen árbol presidiendo. Desde la orilla, en la parte inferior
de la tabla, comenzamos a ver los primeros reos. Uno, dos, tres … nos enseñaban
las colas. Estábamos nerviosos, ansiosos. Los salmónidos repetían sus
movimientos. Me quedé al final de la tabla donde uno de los reos continuaba
“pavoneándose” frente a mí, a unos tres metros de unos árboles caídos que había
en la orilla opuesta. Luís, se fue a por los otros que se movían más arriba.

Con
sigilo, mucho sigilo. Sin prisas y pisando el agua con mucho tiento me fui
acercando a la zona donde el reo seguía enseñando su cola. Parado a unos diez
doce metros, observaba las evoluciones de la postura del pez. Me decido a
soltar cola y a mover la caña. Primer lance y nada. Segundo lance y nada.
Cambio el pequeño tricóptero con el que siempre comienzo a pescar y que tan buen
resultado me da y coloco la “irlandesa”, mosca que me regaló Manolo Caneda y
que trajo en uno de sus viajes de pesca a aquellas tierras, en la que tengo
depositada mucha confianza. Tampoco. El reo subía, se movía pero no a la mosca
presentada. Cambié a “La Palomino” de Coll. Tampoco. Al final el reo
desapareció y desistí en su persecución. ¡Qué listos son!
Por
encima, Meana, tampoco conseguía su propósito.
Mientras
él subía aguas arriba, me quedé observando la zona donde estaba pescando en “El
Regato”, frente al árbol y de repente un “obús” sale del agua y se eleva unos
dos metros por encima para volver a caer en el Narcea. Era un hermoso reo
saltarín que había salido a ponerme los dientes largos. La estampa fue
maravillosa pero, sólo fue estampa pues el reo no volvió a repetir y ni
siquiera moverse o enseñar la cola.
CAMBIO
DE ESCENARIO AL ZARRO
Sin
haber conseguido el objetivo marcado ninguno de los tres, partimos hacia El
Zarro.
Los
coches los dejamos en el Puente Quinzanas, junto al refugio, y caminando por un
sendero, al otro lado del puente, nos acercamos hacia El Zarro.
Por
el camino, que se cerraba por tramos merced a las sebes laterales, fuimos
degustando unas moras deliciosas, dulces, gordas y negras.
En
la zona baja de El Zarro, en una tabla con una caída sensacional, avistamos los
primeros reos. Parecía que nos estaban esperando. Se estaban cebando y repetían
continuamente. Como las cebadas estaban distantes unas de otra, mientras yo me
quedé en la zona baja con uno, Luís subió por la orilla, unos metros, hasta
tener a su alcance a otro par de ellos. Tampoco. Nuestras moscas no les
gustaban a estos “príncipes del río”.
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Aburridos
estábamos con los reos, aunque tanto Meana, como yo habíamos pinchado alguna
trucha e incluso Luís consiguió sacar más de una, que cuando se clavaron
creíamos que eran reos por los saltos que daban. Aburridos estábamos y con Beni
esperándonos para ir a comer que, Meana me dijo que nos acercásemos hasta La
Cabrera, una tabla por encima de donde estábamos. Allí fuimos y nos quedamos
observando el río. No se movía nada, tampoco había postura, como casi en toda
la jornada. De repente suena el móvil. Es Beni, preocupado por la tardanza. Si
primero le decimos que vamos, primero vemos el dibujo de los redondeles en el
agua. Eran tres salmónidos que estaban subiendo a comer. Dos de ellos en la
zona izquierda de La Cabrera donde estaba observando Luís. Otro, algo más
arriba, donde estaba yo.
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Curioso,
Meana consigue pinchar y sacar el primer reo. Bueno, el salmónido al final no
era reo, aunque sí una buena trucha. Pinchó el segundo, pero se destrabó. Meana
se quedó conmigo, observando el reo que me tocó pescar. Seguía cebándose pero
no tomaba mi mosca. Decido volver a poner “La Palomino” de Coll y, en el primer
lance sube y la toma. Al grito…¡ya está!, mirando hacia Meana, el reo o lo que
fuese, tras chapotear en defensa del hierro clavado, se retorció por encima del
agua hasta destrabarse.
Así
pasó la jornada y llegamos tarde a comer pero conseguimos comer en mesa y
mantel, aunque por el camino a Puente Quinzanas, donde estaban nuestros coches,
cogimos unas buenas avellanas, casi maduras, y llenas muy llenas. Estaban
deliciosas.
Y
hasta la próxima “Don Luís, caballero del Pardón, su pardón específico”.