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lunes, 1 de mayo de 2023

Entre gallos y espolones...

 GALLOS Y ESPOLONES



ENTRE “GALLOS Y ESPOLONES”…

La pesca es un mundo real convertido en “miseria” a causa del cambio climático, con “gallos y espolones” que somos los pescadores

Una ficción irreal que se convierte en el devenir diario

 


Texto y fotos: Eduardo García Carmona

 

“Se va sabiendo muy poco a poco quien es uno y, muy poco a poco que uno no es nadie”.

Esta frase se ha quedado en mi mente desde el día que la escuché o leí no se dónde. El caso es que hoy sirve para marcar un punto de inflexión en mi historia de pescador mientras escucho cantar a KIRI KANAWA, una voz muy real para un mundo irreal.


La frase se la aplico a mi historia real en la PESCA, con mayúscula, porque así la conocí cuando comencé a eso de los 9 años a pescar con un palo, un hilo de bramante y un alfiler doblado como anzuelo. Eso era “pesca sin muerte” Y YA LA PRACTICABA A LOS NUEVE AÑOS.


Se va sabiendo muy poco a poco quien es uno pero en la pesca, como en la vida todo dependerá “del cristal con que se mire”.

Los pescadores “tradicionales” me llamarán de todo pero estoy acostumbrado a improperios y envidias. Los pescadores del “captura y suelta”, seguro que me aplaudirán, aunque no busco eso.


Me gusta la vida y los amigos. ¿Qué hay de raro en ello?

Respeto a todo el mundo pero, la vida y los amigos son un factor común de ésta sociedad en la que vivimos que muy pocos encuentran de verdad.


Creo que desde que comencé a escribir de pesca allá por los años 80 del siglo pasado, he completado tantos artículos y algún libro que, muy poco a poco me he dado cuenta de que uno no es nadie. Y en la pesca, sin peces ésta no es tal. Sin agua, no somos nada y entre el cambio climático y la negligencia del ser humano estamos terminando con la vida y los amigos.


No estaría mal que alguien tomase en conciencia esto y no se “vendiese por un puñado de votos” que es lo que parece hacen hoy nuestros políticos. Todo lo dejan para las épocas electorales. Qué pena.

¿Alguno prometerá lluvia, mucha lluvia para que las tierras no agonicen, para que la vida no peligre?


Son GALLOS Y ESPOLONES. Unos alardean y visten sus mejores plumajes para engañar por medio de la vistosidad, la dialéctica brillante y las promesas a un pueblo que agoniza por la dejadez y el egoísmo. Esos son los gallos del corral.

Otros, con sus espolones van “clavando” las uñas dejando cicatrices que podrían llegar a ser irreparables.


¿A dónde vamos a llegar?

El caso es que la pesca en España y en el mundo corre un gran peligro y solo nos daremos cuenta cuando no haya remedio, ni recuperación.

A mis casi 72 años, cada día admiro más la pesca y lo que significa para mí pero, lamentablemente, cada vez tengo menos esperanzas de volver a recuperar lo que ya he perdido. Los años no perdonan.


¿Y los amigos? Estos cada vez son menos porque algunos se han quedado por el camino y camino de ello vamos todos. Nadie se va a quedar para siempre.

Es cierto que amigos, amigos se cuentan con los dedos de una mano y en la pesca aún más.


Estoy muy filosófico porque “se va sabiendo muy poco a poco quien es uno, y muy poco a poco que uno no es nadie”.

Que me lo digan a mí que comencé siendo pescador, escribiente de pesca admirado y odiado con reconocimientos por uno y otro lado y, ahora vuelvo a lo que siempre me ha gustado, LA PESCA, simple y llanamente aunque ya no me reconozco “ni a mí mismo”. Es un decir.


Menos mal que aún quedan GALLOS Y ESPOLONES y entre ellos sobreviviremos como esas aves señoriales que aún pueblan algunos  gallineros en La Cándana y La Vecilla; en Carpohermoso y Aviados; en Sopeña y en Boñar y sirven para confeccionar artesanalmente esas MOSCAS

LEONESAS para engañar a las reinas de nuestras aguas, a la singulares pintonas que en junio ofrecerán su mejor “cara” para los aficionados que llegarán de todas partes a participar en LA SEMANA INTERNACIONAL DE LA TRUCHA DE LEÓN  o, simplemente, para disfrutar de la naturaleza que aún nos resta en León y otros lugares de España.


martes, 25 de abril de 2023

Pescando con "Juanito Manso" en Vega de Gordón (León)...

 


Eduardo con Juanito

Jornada de pesca "in memorian",  en Vega de Gordón, río Bernesga (León)…

Con Juan Fernández Manso, Juanito, como “guía” después de casi 40 años

El tramo lo pesqué por primera vez con Juanito y he vuelto, amigo

 


Texto y fotos: Eduardo García Carmona


La primera vez que pesqué en el tramo desde el puente del ferrocarril de Vega de Gordón, hasta el puente de Santa Lucía, tenía a mi estimado amigo, JUAN FERNÁNDEZ MANSO “Juanito” a mi lado. Nunca olvidaré sus palabras: “te voy a llevar a pescar un sitio donde van pocos pescadores”.


Nunca me pude imaginar que sería en el río Bernesga y cuando el carbón aún estaba medio presente.

El tramo me gustó porque se encuentra con la montaña presente al frente y la pradera de la Vega de Gordón a la espalda. Una maravilla.


En ésta ocasión, aunque he pescado sólo, acompañé a dos buen os amigos: Benito Lozano Campesino y su hijo Marcos que había llegado desde Arabia Saudí a pasar unos días de descanso.


Nos “dividimos” el río después de tomar un café en Casa Senén y en cargar la comida, aunque no hacía falta porque nos darían de comer a lo hora que llegásemos.

Mientras Benito y Marcos pescarían desde el puente metálico de la vía del tren, hacía arriba, yo lo haría desde la zona de “la gran pradera” donde hay una casa de campo, hasta donde llegase, incluso hasta el puente de Santa Lucía si fuese menester. No hizo falta.


A unos 50 metros de un puente medio caído, me puse a pescar “invocando a mi estimado Juanito”, con quién pesqué el tramo por primera vez y que no fue la única. Primer lance a eso de 11,30 horas y, como su Juanito me la hubiese trabado, saqué la primera trucha. Una cuarta más o menos y a la ninfa culi-roja pescando a boya. Después, otra pero se destrabó y a continuación una tercera. Vamos, la reentré no podía ser mejor.


Después de un una hora a eso de las 12,50 horas veo la primera cebada y aunque estaba con la ninfa, coloqué mis moscas leonesas en la cuerda dejando de rastro la ninfa. Increíble.


Caía un pardón grande y un marrón en indio. Pero no se cebaban. De repente, en la tabla un poco antes de llegar al puente caído veo la primera cebada. Lanzo aguas arriba y vuelvo a sacar otra a mosquito ahogado. Se trata de un marrón que me hizo un amigo de Venancio del país vasco, el estimado Barcaiztegui, mosca que me llevaron hasta la Feria del Gallo de La Vecilla y que agradeceré infinitamente. La suelto, y otra al rastro, la ninfa. Y así hasta siete más que me llevé a la mano en menos en menos de 20 minutos. Después desaparecieron y no volví a tocar otra.


Cuando pesco, pesco y 500 metros me dan para toda una jornada no así a mis compañeros que me adelantaron cansados de no sacar piza, aunque Benito tocó un par de truchas pero pinchadas sólo.

Subieron hasta el puente de Santa Lucía y en media hora, más o menos, les veo de vuelta, cansados y aburridos.

Como nunca pongo “pegas”, les pedí que me dejasen terminar de pescar la tabla que tenía unas caídas preciosas y cuando salí del río todavía no eran las 14 horas.

Les dije que nos restaba la mejor de la jornada pero decidieron ir al bar a tomar una caña. Sin  malos rollos, plegué mi caña y acudí a la llamada aunque no los encontré por el camino pero sí en el aparcamiento medio cambiados.


Nos cambiamos. Tomamos una caña en la terraza de Casa Senén y a las 15 horas estábamos comiendo.


Vuelta para Gijón con la satisfacción de haberme llevado una “truchinas” a la mano, a salud de mi estimado “Juanito” que en gloria esté.

Y colorín colorado esta historia se ha terminado.


Gracias Juanito por “iluminar” mis lances en una zona que ambos conocíamos de muchos años atrás.

Por cierto, la comida en Casa Senén y el trato, excelente. El precio aún mejor. Claro, con el plato del día.

Volveré.

viernes, 21 de abril de 2023

 

¿Los GALLOS DE PLUMA DE LEÓN son del Curueño o del Porma...?

 


¿Gallos de Pluma de León o Gallos de Boñar?

En Boñar eran conocidos antiguamente como Gallos de Río


Desde que el criador de origen leonés, JAVIER ESCANCIANO, comprase la explotación de Tomás Gil, en La Cándana de Curueño, ha vuelto "la polémica"Un artículo de MIGUEL DELIBES publicado en 1986 en el diario ABC, demuestra que existían LOS GALLEROS DE BOÑAR que se dedicaban a la cría "gallos de río, de pluma fina"

 


Texto y fotos: Eduardo García Carmona y varios más

¿Qué ha sido primero el huevo o la gallina?

 


Una pregunta complicada de contestar porque mientras unos opinan que el huevo, otros apunta a la gallina, ¿no?


El caso es que aquí no pretendo polemizar más, lo mismo da pero para que exista el huevo, tiene que haber gallina, ¿no?

Con esta premisa vayamos a los GALLOS DE PLUMA PARA LA PESCA que unos apuntan que para que sean tales, con esa denominación, han de ser gallos criados en los alrededores del río Curueño y que si salen de esa zona de influencia pierden tal condición. Nunca más lejos de la realidad.


Con el artículo escrito por MIGUEL DELIBES en el verano de 1986 y publicado en el diario ABC, se demuestra NO TODO LO CONTRARIO pero sí parte del éxito que está obteniendo el criador madrileño, de ascendencia leonesa, JAVIER ESCANCIANO, con su explotación a orillas del río Porma, en Boñar que, aunque no lejos del Curueño con el que se une kilómetros más abajo, está consiguiendo una explotación única donde con su trabajo y mucho esfuerzo está
llevando a aquellos gallos que "se perdían" o degeneraban perdiendo la calidad de su pluma, a que éstos vuelvan a ser los de antes, con un brillo, moteado, tersura, brillantez y calidad que hacía tiempo no se veían. Es más, puedo apuntar que
algunos pardos han "revivido" a su pasado glorioso y no digamos de sus INDIOS, donde el indio cristal, plateado o incluso el indio acerado está cobrando de nuevo "vida". Y es que parte de todo aquello que nos legaban los criadores o galleros antiguos, puesto de manifiesto en el MANUSCRITO DE ASTORGA, DE 1624, está volviendo en el
siglo XXI, gracias al trabajo de éste criador.

Lo cierto es que no es "por arte de magia", sino por el trabajo realizado por ESCANCIANO y su esposa el que se vuelvan a recurar "aquellos gallos" que parecía que


se habían esfumado de León para desgracia de miles y miles de pescadores y artesanos de las moscas de pesca.

Gracias, Javier y para que cada uno saque las conclusiones que quiera, aquí está el artículo completo del maestro MIGUEL DELIBES.

 


LOS GALLEROS DE BOÑAR, MIGUEL DELIBES'S REPORTAJE publicado en ABC en 1986

 

Especiales, son gallos especiales, gallos que sólo se dan aquí, en estos pueblines, que sale usted de ellos y ni en Nocedo, ni en Valdorria, ni en La Mata de la Riva, ni en el mismo Boñar, que está ahí pegando, se crían. El por qué no me lo pregunte, porque, mire usted, el que un pollín de estos se críe en La Cándana y no se críe en La Vecilla, que está a un paso y más alto, es algo que no se explica, pero así es.


Cada gallo va a juego con su gallina, o sea una gallina corriente, de esas rojas que ve usted ahí, no vale para el cruce, vale para huevos pero no para hacer pollos. La gallina tiene que ser negra y gris para la pluma india, con una collarina amarilla tal que así, por el pescuezo, que es de donde se saca la pluma que llamamos flor de escoba.

Los galleros de Boñar no se dedican a la cría de gallos de pelea, sino a la cría de gallos de río, de pluma fina. El gallo de Boñar (León), de una zona


concreta de Boñar -Ranedo de Curueño, La Matica, La Cándana, Campohermoso- es un gallo de pluma lustrosa y jaspeada, apropiada para fabricar mosquitos para la pesca de salmónidos. Al decir de los entendidos, el gallo que se cría en esa zona no puede aclimatarse en otra, pierde el lustre y, en consecuencia, su poder de
seducción. De ahí que el mosco de Boñar se cotice más alto que el mosco de otros pueblos y regiones. Y de ahí también el jubileo que esas plumas provocan, bien de pescadores que prefieren manufacturarse sus engaños, bien de fabricantes de moscas, bien de
los primeros que actúan como intermediarios y venden al por menor en la ciudad lo que compran en el campo al por mayor. «Alguno de esos ha hecho un dineral, menuda», le asegura al cronista AMELIA ROBLES, viuda, vecina de Ranedo de Curueño, que se gana la vida pelando trimestralmente dos docenas de gallos que ahora merodean en torno a la casa,escarbando entre las boñigas,
emitiendo triunfales quiquiriquís. Sus vecinos, «diez, once, no, doce, también crían gallos, como todos los habitantes de esta zona, porque aunque no nos hagan ricos, algo dejan». Conmueve el recelo de esta anciana que toma al cronista por un inspector que viene a husmear en los ingresos que le procura su
modestísima industria. Tras de la casa se empinan los prados y más arriba riscos cubiertos de nieve deleznable que empieza a fundir. El agua canta en las cárcavas y corre a engrosar el caudal del Curueño, al fondo del valle, que, más abajo, afluye en el Porma. En las faldas, entre río y montaña, bosques de robles con hoja de invierno. Matos de brezo y escoba, hirsutos, encogidos, sin florecer aún.


"Aquí, a Ranedo, los primeros gallos que hubo vinieron de La Matica. En La Matica, La Cándana y Campohermoso, yo he conocido estos gallos de siempre, desde que era chavala. En cambio, en Matallana, que está a un paso, ya no. Bonitos ya lo creo que son, pero hay que ver lo que comen, y de lo bueno no crea usted, que los mis
pollines se alimentan de maíz, trigo y cebada, más un poco de fresco que cogen de las alfalfas. Y, también de vez en cuando, los vacuno, una vacuna contra la cólera o la peste o como la llamen. Los vacuno de recién nacidos, sí señor, apenas echan la capa, una vacuna de la
botica, y luego los vuelvo a vacunar, cuando se tercia, que por un ejemplo, llega un día mi nieto y me dice: 'Abuela, a Fulano, el de La Matica, se le está muriendo un pollín'. ¿Se da cuenta? Entonces voy yo y los vacuno. Y como yo todos los vecinos del pueblo. Y así hasta otra. Hay que atenderlos, que un gallo de estos vale mucho dinero, hasta diez
mil pesetas, que una vecina mía vendió cinco el año pasado y cincuenta mil pesetas le dieron. Por eso, tanto los pollos como los huevos son especiales, que hay que ver la sustancia que tienen los huevos estos, que los de granja los echa usted en la sartén y se quedan aplastados, como la suela de un zapato, y éstos aumentan, se ponen
blanquines, se rizan, da gusto verlos. En cuanto a los pollos, si valen lo que valen es por el lustre, ni más ni menos, por la raza, que desde que nacen, una vez que a los siete meses les hago la limpia, la capa ya tiene brillo, unos más que otros, natural, que, por un ejemplo, como el de flor de escoba hay pocos.


Claro que para que le salga a usted uno bueno de flor de escoba hay que tener paciencia, aunque le advierto que el corzuno, que tiene la penca más fina y así como escalerada, también se paga muy bien. El lustre es de condición, como le digo, de raza, pero para que no lo pierdan, tiene que andar el animal al aire libre y al sol, que los encierra usted un par de días y ya lo han perdido. Y lo mismo si le saca usted de aquí. Saca usted un pollo de estos pueblines y en seguida se degenera y, en cambio, le lleva usted de aquí a La Matica y se queda igual,
qué digo igual, acaso mejor, ya ve qué cosas. Es como las gallinas de pluma india, esas grisinas que ve usted ahí tan guapas. Bueno, pues una gallina de esas mejor cría en La Cándana que en cualquier parte. Y tengo ahora veintidós gallos de pluma distinta, que cada luna la trucha quiere una diferente, por lo
general de negra a blanca, conforme van templando las aguas. Y he llegado a quitar catorce mazos del lomo de un gallo. La colgadera ya es otra cosa, se paga menos. Pero he tenido gallos que entre plumas de lomo y colgaderas me han dejado más de veinte mazos. Y si cada mazo tiene doce plumas y las pelas se hacen cada tres meses, eche usted cuentas. Tanto da en invierno como
en verano, sí señor, siempre que la pela se haga en menguante. El mazo puede valer hasta 500 pesetas, pero eso son los buenos, buenos, los más pasaderos no se pagan arriba de 150 ó 200. Una vez pelados, a los tres meses la pluma vuelva a salir, ni más fuerte ni más floja, aunque a veces la nueva tiene más lustre. Lo de pelar un gallo no tiene ciencia, mire, yo le cojo talque así, con esta
mano le sujeto y con la otra le voy quitando pluma a pluma, eso sí, sin tirar para arriba, con cuidado, empezando por el pescuezo y terminando por el rabo, Luego le quito todo alrededor y unas pocas colgaderas y, una vez que tengo doce plumas, ato los mazos con un hilín y las voy cosiendo en un cartón para
que el plumero las vea como es debido y al gallo le unto bien con aceite para que la pela dura no se le infecte. La vida de un gallo, como la de las personas, dura lo que Dios disponga, pero yo tengo gallos de seis años y cuanto más viejos son, mejores plumas me dan, o sea, más largas, de más obra. Por eso yo nunca sacrifico a los mis pollines, se me mueren de viejos. Y puedo decirle otra cosa: la carne de estos gallos es
más rica que la de los otros, tiene poco momio porque este gallo no es de ceba, pero sustancia, ¡ay, madre, qué sustancia tienen estos animales! ¿Si sube gente por pluma? Más cada día, y eso que el negocio está difícil, que hay que ver lo que cuesta hoy alimentar a estos bichos. Si le dijera que por un saco de trigo de cincuenta kilos estoy, pagando dos mil pesetas, no se lo cree. Y los mis pollines se comen un saco de esos en quince días, incluso ha habido meses de gastar tres sacos, que a mí me gusta echarlos a los pobrines y ellos nunca se sacian. Eso sin contar otras quiebras que hace tres años, con eso de la contaminación, la gente no pudo pescar y una servidora se quedó con toda la pela en casa. ¡Ni una pluma vendí!


Y lo mismo le digo de los bichos esos, el raposo o el garduño, o como los llamen, que el invierno pasado a mí me mató cinco pollos y treinta a la mi hija, hágase cuenta, pero de los mejorcitos, ¿eh?, muchos de ellos de flor de escoba, eso sin contar los pavos que cría para Navidad. ¿Mosquitos? Eso depende. Hay plumas de mucha obra de las que
salen hasta tres, pero lo corriente es uno o dos. De todos modos, si el mazo de plumas se vende a doscientas pesetas y el mosco a ochenta, ya ve usted si trae cuenta. Eso si no compra usted colgaderas, que tienen más obra y cunden más. Así es que los clientes suben de todas partes, de León, de Santander, de Bilbao, ¡hasta de Madrid suben, hágase idea! Pero a nosotros nos trae más cuenta que vengan los plumeros, los del oficio, porque aunque pierdas mil pesetas con ellos, te dan el dinero junto y se llevan todo, lo bueno y lo malo.


Para la mosca seca se usa una pluma especial, las colgaderas esas que son un poco ablancadas, o esas otras pequeñitas, de junto a la cabeza, que es peligroso quitarlas porque a lo mejor el gallo se muere. Yo sólo las quito a veces para complacer a una amistad, para un señor que responda, ¿me entiende?, que hay uno de Madrid que cada vez que viene por casa me pide unas plumas de esas, pero muy atento me advierte: 'Señora Amelia, si el gallo se muriera por esto, el día que vuelva por aquí se lo pago entero, ya lo sabe'.”

Mis amigos de la pesca: JOSETXO MARTÍNEZ ROMERO, un navarrico con “mucho río”

Josetxo e Illundain JOSETXO MARTÍNEZ ROMERO , un navarrico con “mucho río” y maestro del lance pesado...     Texto y fotos: Eduardo García C...