MANUEL MONTES HERNÁNDEZ, pescador canario de agua dulce a cola de rata y que estará pescando en el cielo (DEP)
Texto
y fotos: Eduardo García Carmona
Le
conocí en Las Palmas de Gran Canaria y fue con éste isleño, profesor de arte y
ceramista, con quien tuve el placer de conocer algunas de las más 150 presas
que existen en Gran Canaria, presas nacidas “al amparo de la cultura del agua”
que tiene este pueblo necesitado del líquido elemento imprescindible para la vida.
MANUEL MONTES HERNÁNDEZ, que falleció en 2021 era amigo, entre otros, de Isidro Sosa, a quien hemos dedicado uno de nuestros artículos.
| Isidro Sosa y Manuel Montes |
Poco a poco fuimos empatizando y saliendo a pescar por todas las presas de la montaña central de Gran Canaria, especialmente a Chira y Las Niñas que nos quedaban más próximas de la capital y más cómodas para pescar.
Fueron
jornadas impresionantes donde adquirí mucha cultura isleña.
Me presentó a muchos de sus conocidos y amigos que, aunque no fuesen pescadores de agua dulce, nos mostraron las mejores zonas para transitar por las orillas de los pequeños embalses, algunos complicados para sortear dificultades de orilla.
Llegamos a dormir en cuevas guanches adaptadas por los isleños que las tienen como “auténticas joyas”. Cuevas antiguas adaptadas al día de hoy. En algunas de ellas, con electricidad y agua corriente, aunque parezca increíble. Las cuevas estaban escavadas en plena roca y preparadas con pequeñas o grandes entradas, dependiendo de la situación, con salón y una, dos y hasta tres habitaciones. Todo, todo con un blanco resplandeciente gracias a la cal con la que pintaban fachadas y estancias. Una pasada.
Allí, por aquellas zonas de la montaña Canaria, en CERCADOS DE ARAÑA, pueblecito próximo a la presa de Chira, conocí con Manuel Montes y el buen yantar de los isleños. Saboree sus ricos manjares y nunca podré decir nada contra sus excelentes quesos, pescados, salsas y trato exquisito que me llegaba a hacer sentir “como un dios para ellos” o, al menos así me parecía. Conocí sus costumbres, su idiosincrasia, sus bondades y cultura. Lo poco que tenían lo compartían.
Cada vez que volvía a la península por motivos de trabajo, presentaciones de libros o participación en conferencias o mesas redondas, me encargaba de llenar una maleta con productos de León. El chorizo de Geras les entusiasmaba y es que en nada se parece al de Teror, localidad donde está la iglesia de La Virgen de Pino y que es más una sobrasada que verdaderamente chorizo, aunque así se conoce. Cuando probaron el chorizo de León quedaron tan “flipados” como yo cuando probé el “queso de flor”, un queso de oveja al que curan con un cardo dentro.
Esto en lugar de “mis amigos de la pesca” parece un reportaje gastronómico, ¿verdad?
Con
los poppers de mi propia cosecha y otros que me había regalado Paco Redondo,
pescábamos a la caída de la tarde casi a diario. Vaya vicio cogí y, es que la
pesca del Black Bass es algo que no conocía. Tuvo que ser en Gran Canaria donde
la practiqué por primera vez y, la verdad, es que me impresionó la forma de
tomar este pez los señuelos, los tirones que daban y la fuerza con la que
arremetían. Una pasada.
Un día, hablando por teléfono con mi amigo, EDUARDO FONTELA, el creador de las cucharillas EDU, “tan únicas como la gaita gallega”, me dijo que estaba preparando unas cucharillas en el taller, con doble pala. Eran para pescan en el río las truchas pero, cuando las recibí
en Las Palmas, lo primero que hice fue ir la presa de Chira con MANUEL y probarlas en plena mañana, lanzando muy cerca de la orilla. El resultado fue sensacional. Pese a tener anzuelo sencillo y sin muerte, prácticamente no se escapaba ni un solo Bass, llegando a sacar unos cincuenta en poco tiempo. Manolo no daba crédito a la que estaba ocurriendo con aquellas EDU de doble pala.
No se trataba de pescar cantidad porque todos
los peces eran devueltos al agua con vida así que, mí estimado MANUEL MONTES HERNÁNDEZ, prefirió volver a la cola de rata rústica que poseía. Desde la península le hice llegar una cola de plástico en condiciones. Fue un gran regalo que agradeció.Fueron
muchas jornadas de pesca juntos y pese a sus problemas respiratorios que los
tenía y hacían fatigarse demasiado, nos dimos muy buenas “zurras” por las
orillas de las presas sorteando dificultades y disfrutando de la naturaleza
canaria.
Manuel Montes tenía muchas ganas de conocer los ríos de León y la pesca de la trucha y un año se vino de vacaciones conmigo sólo para pescar y conocer Asturias y, especialmente León.
En León se alojó en el hotelito de Puente Villarente, en La Montaña y, gracias a Juan Carlos Méndez y Julián Gutiérrez, miembros del C.D. de Pesca Porma,
| Juan Carlos Méndez |
Volvió para Gran Canaria entusiasmado con los ríos leoneses y sus truchas que algunas sacó y buenas pero, sobre todo con los gallos de pluma de León. Tuvo la oportunidad de conocer nuestros gallos, únicos en el mundo, y quedó prendado de lo que vio en el corral de Tomás Gil, en su
casa de La Cándana de Curueño. Llevó plumas para confeccionar las moscas porque hasta le lie en Gran Canaria a adobarlas junto con un pescador Eslovaco, MARK SIDOR y amigo afincado en el Sur de Gran Canaria. Unos fenómenos como personas y compañeros de pesca que disfrutamos varias jornadas juntos por la presas.![]() |
| Montes y Mak Sidor |
Qué gran amante de la pesca eras amigo y que dolor sentí el día que me llegó la noticia de tu fallecimiento.
MONTES HERNANDEZ me hizo sentir la isla de Gran Canaria como si fuese mía. Con él conocí los parajes más maravillosos
entre montañas que nunca jamás creí que podrían existir en Las Palmas. Disfruté muchas jornadas de pesca en Chira y Las Niñas, especialmente, también en otros lugares paradisíacos de esas islas afortunadas.Te fuiste sin meter ruido y sin comunicarme que te llamabas, MANUEL SIMÓN CLAUDIO MONTES HERNÁNDEZ, “Manolo Montes” para mí. Descansa en paz, amigo y espérame mucho tiempo allí donde estés. Seguro que te habrás llevado las cañas y moscas para continuar “pescando” y realizando esas obras maestras en barro que hacías en vida que por algo eras ceramista y profesor en escuelas de formación del gobierno de Canarias.
Gracias, Manolo, porque desde el primer momento en el que nos conocimos sabía que la sintonía era total. La pesca unió y nosotros, aunque te hayas ido, allá donde sea que estés, continuarás siendo mi amigo de la pesca y la vida y hasta compañero en la radio donde participamos en algunos programas en el sur de la isla canaria. Qué tiempos y momentos más maravillosos los que pasamos. Gracias, amigo.

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