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jueves, 6 de junio de 2024

“VILLA-INFELIZ”, ayer, mañana ya se verá...

 



“VILLA-INFELIZ”, ayer, después de ocho años sin pescarlo

La ilusión de pescar el coto de pesca en el río Luna, se convirtió, por un día, en un miércoles “malo”

Volveremos en julio a “sacarnos la espina”

 

Texto y fotos: Eduardo García Carmona

 


Siete años sin poder optar a conseguir un permiso de pesca para VILLAFELIZ se ha convertido, en un día malo, en pescar el mejor coto de la provincia de León pero habrá que sacarse la espina el próximo mes que lo repetimos.


Pese a la mala jornada de pesca, incluso para otros pescadores con los que nos cruzamos transitando por la zona acotada, sólo poder estar en Babia significa mucho, mucho.

La jornada de pesca se presentaba con muchos alicientes por volver a tierra “de reyes”, aunque Villafeliz de Babia sólo es la entrada a toda una comarca leonesa dentro de un paraje natural increíble donde “se perdían los reyes” para desintoxicarse del estrés de la corte. Nosotros, los pescadores, también, ejercemos de “reyes del río Luna” cuando acudimos a pescar en éstos parajes únicos e idílicos aunque nos ocurra lo que nos ocurrió ayer en nuestra jornada.


Comenzó el día con prisas para “enfundarse” el vadeador y preparar cañas y moscas, después de saludar a Fernando, “maese” de la localidad al que vimos nada más llegar montado “en su Babieca a cuatro ruedas”. Con los caballos en el granero, Fernando nos saludó y cuando le dijimos quienes éramos y

quien venía con nosotros, “Maelín el de Santa Olaja”, hijo del pueblo, entablamos una conversación que nos puso a la orden del día. Así nos enteramos del “adiós de Rosa y su esposo Enrique”, propietario de Casa Luis y el Restaurante. Sólo fue el primer choque o disgusto por no poder haberlos despedido (DEP).


Tras el saludo fuimos raudos Benito Lozano y yo a meternos “en danza”. Más tarde llegaría el tercer pescador, José Luis, que lesionado, sólo acudía a acompañarnos y con compañía: Maelin el de Santa Olaja (Ismael), Luis Alberto (Chingli) y Jesús. Con ellos comimos suculentamente en Casa García, en Villasecino después de la jornada de pesca.




LA MALA JORNADA DE PESCA

Lo que comenzó felizmente como el propio nombre de la localidad y el coto de pesca en el río Luna, se convirtió en el momento en el que habíamos depositado  la confianza para gozar, en el peor momento posible.


Quien esto escribe comenzó sacando dos ejemplares en los dos primeros lances pero, sólo fue un sueño. Era el mediodía y se esperaba que a medida que avanzase la jornada la pesca fuese a mejor. Lo malo es que el movimiento de peces en las aguas sólo denotaba alguna pequeña cebada y poco más. Algún escallo y boga sí que vimos.


Pese a todo, la saltona común y la negreta del Manuscrito de Astorga, continuaron dando algún ejemplar pero, no se asusten, la trucha mayor de unos 17 u 18 centímetros. De pena.

Estábamos llegando al mejor momento de pesca, a eso de las 14 horas, cuando se levantó el viento que presagiaba tormenta, a tenor de la configuración de las nubes. La tormenta no llegó pero, los vientos sí.


El río Luna se cubrió de un manto de “nieve” que caía de los árboles circundantes en las orillas. Era imposible de pescar.

Cuando parecía que “la nieve” procedente de chopos y salgueras en forma de pelusa remitía, otra ráfaga de viento nos llenó el río del fruto en forma de racimo que caía de los árboles. La expresión “así imposible pescar” nos hizo abandonar el río y poner destino al restaurante de Villasecino donde nos esperaba “un cordero al hornos” para seis que estaba de rechupete. Un diez.


Antes, por el camino desde La Calderina a la localidad de Villafeliz, con la ermita de Pruneda presidiendo la zona, vinos a Blas Alfayate, conocido y afamado pescador que junto a otro compañero estaban pescando el coto con más o menos suerte que nosotros, aunque su compañero había conseguido a perdigón una buena trucha de las que esperábamos todos.


Por el camino al coche descubrí “un pastel” que quiero denunciar públicamente y que ustedes pueden ver gráficamente en la fotografía: un pozo ciego lleno de agua putrefacta como colector, me imagino, de la localidad. Una pena. Esperemos que la próxima vez, la depuradora, si la

hay, funcione y los desperdicios de un pueblo poco habitado éstos días y que triplicará o más la población en julio y agosto, no se encuentre con “éste pastel de mal gusto”, en su discurrir por la orilla cerca de la carretera.

¿Y pensar que la junta vecinal inauguró en 2023 una hermosa fuente con agua “helada” para calmar la sed de propios y extraños, no se haya enterado de que las “defecaciones” salen unos cien metros por debajo del pueblo y forman un “pozo ciego lleno de mierda?

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