LIBROS PUBLICADOS POR Eduardo García Carmona

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domingo, 2 de junio de 2024

Las primeras de la temporada en el río Curueño...

 


Estrenando la temporada en Tolibia, un buen coto en tierras leonesas…

Mucha trucha pequeña y “algunas de buena calidad”

Un viaje desde tierras asturianas a la montaña leonesa cruzando valles y ríos

 

Texto y fotos: Eduardo García Carmona

 

He cruzado ríos, montañas y valles hasta llegar a nuestro destino: coto de pesca de Tolibia, en el río Curueño “el río del olvido”
de Julio Llamazares y, precisamente no es una jornada fácil de olvidar, especialmente, por la pesca con peces de hermosa librea, peces auténticos en unas aguas de ensueño que para sí las quisieran muchos lugares del planeta.


El río Curueño baja “señorial” con agua de arroyos que vierten desde el pico Toneo (2.094 metros), por un lado y el puerto de Vegarada (1.560 metros) por el otro. La hermosura es total en ésta zona de la geografía leonesa.

Para acudir a pescar a Tolibia desde Gijón (Asturias), atravesaremos el Puerto Pajares. Antes, diversos ríos astures: Noreña, Nora, Lena y Caudal, Pajares. Atravesando el puerto y con el Parador presente, veremos las fuentes del río Bernesga en la provincia leonesa que nace como un “hilo de agua” después de juntar diversas fuentes y arroyuelos que parten de lo más alto del Puerto de Pajares (1.500 metros), arroyelos con nombres hermosos: Dulcepeña, Cayeros o Rocapeñas.


Cruzamos en Villamanin hasta el otro valle, con río el Torío, emblemático donde los haya. El paisaje con el puerto de Piedrafita (1680 metros), de donde parten las primeras aguas del río Torío es idílico, como toda la montaña leonesa. Se juntan aguas del puerto de Vegarada, donde la mayoría forman el arroyo Canseco, afluente del Torío, que le da mayor identidad.

Entre montañas de roca caliza y paisajes espléndidos, llenos de colorido y belleza, cruzamos un nuevo valle. Allí está nuestro destino que no es otro que el “mítico” río Curueño, tras dejar Valdeteja.

Nos adentramos bordeando el curso del río, hasta la antigua “venta de La Zorra” llamada posteriormente la Venta del Aldeano que, también se hizo llamar Venta de San Pedro. Aquí será donde dejaremos nuestro vehículo.


Lo primero es bajar y ver el río. Baja sensacional. Sólo nos falta disfrutar y pasar una gran jornada de amistad con Benito, Lozano, José Luis Méndez y la sorpresa de la visita de Maelín el de Santa Olaja, mi estimado y querido primer compañero de pesca ya “jubilado de la afición” a sus 83 años. La pesca, aunque lo principal, también se hace secundaria porque primero es la amistad y el disfrute en plena naturaleza.

Comienzan los nervios porque es nuestra primera jornada auténtica de pesca en 2024. Tuvimos otra en abril, Sardonedo en el río Órbigo, aunque ni siquiera nos pudimos acercar al agua por la cantidad de caudal que circulaba.

Montamos cañas y aparejos, después de calzarnos botas y chalecos y nos vamos para el río.

UNA GRAN JORNADA


Aunque cuatro amigos fuimos, sólo dos nos dedicamos a pescar: Benito y yo. José Luis, lesionado con un par de costillas dañadas no participó en la jornada, aunque tenía permiso. Ismael, sólo vino a vernos, comer y pasar el día con nosotros.

Por aquello de tener menisco de la rodilla derecha maltrecho, Benito me dejó pescar la zona más cómoda, relativamente, desde la Venta hacia el puente con el “pozo ciego” presente.

Benito, quería pescar la zona por debajo de la Venta. Finalmente, se acercó hasta el puente del Pozo Ciego y pescó aguas arriba dirección a Tolibia de Abajo y Lugueros.


Desde la misma carretera general nos sentíamos observados por nuestros amigos que paseaban y observaban los lances.

La cuerda montada sobre la propia línea de mi caña estaba formada por: una ninfa culiroja de rastro; carne en indio; negro del manuscrito, la imprescindible de Granizo y una Charli como saltona. Para sacar la primera no hizo falta esperar demasiado porque a las primeras, segundo lance, ya subió una truchilla con una librea preciosa. Las pequeñas truchas continuaban saliendo. Así fui sorteando las primeras varadas subiendo por el propio río muy despacio y protegiendo mi menisco.



Llegué a una de mis zonas favoritas: la tablada de grandes rocas por la izquierda y un muro de roca a mi espalda. Allí saqué una de mis mejores capturas, un ejemplar hermoso de unos 28 centímetros que, aunque el coto era con muerte, devolví de nuevo al agua. Es más, no llevo cesta y todos los anzuelos son sin arponcillo. Vamos, “sin muerte”. Lo importante es gozar y era que estaba haciendo desde que comencé a pescar.

La mañana iba pasando y los lances se repetían a una orilla u otra y siempre con recompensa. Fue llegar a una buena tabla que finaliza en una caída preciosa, junto a una torre o mole de roca caliza a la derecha. Aquí, disfruté de lo lindo y conseguí los mejores ejemplares. Una gozada.


Desde la carretera sentía alguna voz de mis compañeros: ¡esa es buena Eduardo…! Apuntaba Ismael. Aunque no les veía por la tupido de los árboles y arbustos de la orilla, Maelín y José Luis, también, me animaban. Hasta el guarda que, poco más arriba me esperaba para pedirme la documentación y el permiso.

Me dejaron continuar pescando mientras los dos compañeros subieron hacia el puente para observar desde la calzada derecha a Benito que estaba pescando esa zona. La tónica de Benito Lozano era muy pareja a la mía, según me contaron posteriormente, pero casi todas pequeñas.


Benito estaba utilizando una cuerda preparada en casa donde puso de rastro, una carne con brinca marrón y tórax oreja de liebre con pluma flor de escoba. A continuación, un chicle; una sarnosa hembra; un salmón y como saltona “la Charli”. Todas las moscas le habían dado piezas pero, recalco de pequeños tamaños.

Lo dicho una gran jornada que se prolongó hasta pasadas las 15 horas para después irnos a Villamanín para comer.

Y el próximo coto, Villafeliz.

Se lo contaremos.

 

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