JUAN CARLOS VELASCO MARÍN, pescador y artesano del montaje de moscas para la pesca con parentesco en Asturias, León y País Vasco. Un “manitas” del bambú refundido.
Texto
y fotos: Eduardo García Carmona y J.C.V.M.
Le conocí en la Muestra del Gallo de León de La Vecilla y coincidimos en un Nacional de Mosca a orillas del río Órbigo hace unos años. Desde entonces somos amigos “virtuales” y nos seguíamos por facebook.
JUAN
CARLOS VELASCO MARÍN es un vasco nacido en Donostia, con padre asturiano de
Cabañaquinta, y madre vasca que desde temprana edad reside en La Rioja por
circunstancias paternas.
La Rioja es tierra de los grandes “caldos”, mucha historia y excelentes ríos que se están perdiendo por desidia humana y una administración Autonómica que no “hace los deberes para con la naturaleza” aunque con el cambio climático y la concienciación ciudadana parece que va revirtiéndose la situación.
Siendo hijo de un asturiano nacido a orillas del río Aller que baja del puerto de Vegarada en el límite con León y pescador que lo hacía en San Sebastián en el río Trintxerpe, nada es de extrañar que el “chaval” continuase la saga familiar. Comenzó pescando a “tralla” o varal, viendo a su suegro y se aficionó al montaje de moscas viendo a un cura en un pueblo de León.
Su
progenitor junto con sus hermanos acudían a pescar cada verano llevando con ellos a Juan Carlos, “me dejaban al cuidado de las cañas de bambú
de tres piezas y una rastra de moscas colgando del petril del puente desde el
que observaba cangrejos, loinas y así empezó mi despertar como pescador”,
apunta nuestro protagonista.
Viviendo en tierra de grandes vinos era normal que descubriese el río Oja y más siendo su esposa, también pescadora, de la localidad de Ezcaray. También otros dos grandes ríos: Iregua y Najerilla de los que quedó prendado, “la pena es que hayan decaído tanto en los últimos años”, apunta.
JUAN CARLOS pescaba entonces a lombriz y a boya, comenzado a hacer los primeros pinitos con la cola de rata, “allí, acompañando a mi suegro, comencé a ver pescar a tralla, como pescaban los aldeanos. El varal que decís por tierras leonesas. Los varales o trallas los hacía yo mismo. Otro tanto ocurría con los moscos y líneas. Era una época en la que en la orilla del río había artesanos autosuficientes”.
Así fue como VELASCO MARÍN se aficionó a hacer cañas para pescar sin carrete, generalmente, de tres o cuatro piezas de hasta 5´50 metros de longitud con caña de bambú. Luego vinieron las de bambú refundido siendo, JOSÉ RAMÓN ALONSO LÓPEZ, quien le situó frente a ellas enseñándole todo su saber para confeccionarlas. Con el tiempo, el alumno terminó convirtiéndose en un maestro siendo sus productos muy solicitados y no sólo por coleccionistas. Un fenómeno.
Las moscas para pescar eran otra historia más complicada. En un principio las compraba pero aquellos cuerpos realizados con hilos de seda, pluma de gallos de León y sus correspondientes brincas, pronto le llamaron la atención. Poco a poco aprendió a confeccionar las suyas propias.
Cada temporada acudía a comprar las moscas a un cura de León que se dedicaba a ello y además de adquirirlas
“me fijaba en cómo las hacía a mano. Poco a poco fue haciéndolas yo mismo de forma autodidacta recordando lo que había visto. Eso sí, aprovechaba los viajes a León para moverme en ambientes de pesca, conociendo a montadores artesanos a los que preguntaba una y vez. Así fue como entre el cura y otros montadores fui dándome cuenta de que, también, podía hacerlas yo”. Nadie le enseñó a confeccionarlas pero, fijándose, fijándose, enseguida dio con la manera de hacerlas, sino iguales, parecidas. La imitación se convirtió en pasión y casi en “vicio”. Así comenzó a ser JUAN CARLOS VELASCO artesano autodidacta de moscas y mosquitos para la pesca.Cada pescador tiene predilección por algún tipo de mosca pero, éste vasco afincado en La Rioja, asegura no tener favoritas y eso que confecciona muchas, muchas al año.
Nos
dice que “a la hora de pescar pongo lo
que veo o intuyo en el río. Si cojo un mosquito, lo miro y remiro para buscar
en mi caja y poner el más parecido. Incluso, si puedo lo guardo en una caja
para después estudiarlo en casa”.
Su hijo continúa la saga familiar y, además de un buen pescador que compite federativamente, es un gran aficionado a la caza. Ya saben, “no hay pescador que no sea cazador y viceversa”.
Particularmente,
me llamó la atención una de sus moscas: la saltona común, una de las clásicas
leonesas para pescar en verano. Enamorado de las saltonas de Granizo y
Cirolín dos de los grandes montadores
leoneses, cuando comprobé la singularidad de la suya con cuerpo amarillo en la
parte superior en lugar de una carne creí que era por la zona de pesca, La
Rioja pero no, también pesca en todas partes.
Se trata de una mosca que pesca todo el año, especialmente a partir de Mayo y hasta final de temporada.
Imita
a dos moscas apareándose y suele dar muy buenos resultados “bailándola” sobre
el agua.
En
verano pesca durante todo el día y da grandes resultados al sereno.
JUAN CARLOS tiene sus singularidades a la hora de confeccionarla además del hilo verde amarillento o claro, seda utilizada por la mayoría de montadores, este vasco-riojano añade una brinca amarilla de hilo choricero para el cuerpo inferior y, curiosamente, para el cuerpo superior utiliza un sedón amarillo. La costera como casi todos artesanos con hilo torzal verde oliva. La pluma será flor de escoba para la parte inferior y pardo flor de escoba encendido para la superior.
A JUAN CARLOS VELASCO MARÍN desde que le conocí en Santa Marina del Rey en una competición oficial comencé a ponerle entre “mis amigos de la pesca” y aunque físicamente nos hemos visto poco, alguna vez en la Feria de La Vecilla de Curueño, empatizamos por medio de Internet manteniéndonos como amigos de facebook aunque últimamente no tengamos ni ese contacto. Lo que se suele
decir cuando se comparte mesa mantel y amigos es lógico tenerle en estima y más con esa cara de “bueno” que tiene y esa afición que nos une, LA PESCA.
Gracias
y espero volver a verte cuando vuelvas por tierras leonesas sea en a Feria de
La Vecilla o en la orilla del río junto a Carlos J. “pescate”, José Miguel
Olmos, Manuel Blanco y cia.
Gracias.


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