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| El nuevo Riaño visto en la subida al columpio con el camping en primer término |
En Agosto,
FELECHAS
epicentro de la reunión de amigos de pesca y montaña
La
ruta de las minas, visita al columpio más alto de Europa, en Riaño y pasada por
Liegos y Lois…
Texto
y fotos: Eduardo García Carmona
ENTRE
AÑORANZAS, TRISTEZA Y UNA INFANCIA “MINERA”…
He
vuelto a la montaña leonesa entre Boñar y Cistierna. He vuelto a Felechas a
casa de Luis Alberto “Chingli”, donde cada año nos invita a José Luis y a mi
aunque, existen años en el que la “familia” aumenta con otros amigos.
Este
año, en el refugio de Valdeguida no hemos podido hacer la fiesta de despedida
ya que el amigo Quiades “alma mater y pater” del mismo se tuvo que ausentar
hasta Zumárraga por temas familiares. Si estuvo Gelo, en la cena de despedida celebrada en Felechas.

Además
de la amistad, la pesca y la naturaleza, hemos realizado otras actividades
plagadas de semblanzas de aquella infancia que me tocó vivir entre Colominas,
Sotillos, Olleros, Sabero y Veneros. Aquellos años cuando un niño vivió “la
muerte de la mina” sentado en el muro, junto a la carretera de las casas de
Colominas viendo pasar “una procesión silenciosa de duelo” por la muerte de 12
mineros en
la mina de Casetas, donde mi progenitor fue uno de los tres mineros
que salvaron la piel y la vida tras una explosión de grisú. Acontecimiento
luctuoso que ha quedado en mi retina y mente desde los 7 años cuando, sentado
en el muro de las casas pude contemplar atónito el desfile de los féretros por
la carreta hacia la iglesia de Olleros en “un silencio y lamento general” que
eriza aún mi piel escribiendo éste reportaje.
La
añoranza se convirtió en tristeza por el abandono de las autoridades hacia el
escaso patrimonio que aún resta en esta zona minera.
La
mina de Casetas y su castillete, aún en pie, al igual que el de La Herrera, en
Sabero, pero poco más. ¿Para qué un museo minero infravalorado, sobre una
infraestructura de la antigua Herrería de San Blas?
¿Para
qué si dejamos en el abandono el patrimonio de aquellas minas plagadas de sudor
y lágrimas?
Una
pena convertida en lamento.
Si
existe el Museo de la Minería lo más lógico es que el resto del patrimonio de
aquellas antiguas minas estuviese, además de visible, adecuado y cuidado, para
que fuese otro museo o ruta donde
poder ver un pozo minero, las jaulas donde
bajaban al tajo los “murciélagos del carburo” que se dejaban la piel a tiras,
la vida y los mejores años de sus vidas para llevar el jornal a casa que servía
para sacar a las familias adelante, muchas de las cuales llegaban de todos los
rincones de España, aquella España de la postguerra plaga de hambre y miseria.
LA
RUTA DE LAS MINAS
Menos
mal que algunos políticos, pocos, aún piensan y con escasos caudales de dinero,
especialmente en señalizaciones, en ocasiones escasas, se han “sacado de la
manga” esta ruta senderista, más que la minería, que discurre en plena
naturaleza y donde se pueden observar algunas bocas de aquellas antiguas minas
de hierro y carbón, auténticas “ratoneras” que con la escasa seguridad hacían
perder muchas vidas humanas.
La
ruta son 9,6 kilómetros en plena naturaleza. Se parte de Sabero, junto al Museo
de la Minería y después de pasar la ermita de San Blas, continuar por un
sendero adecuado con tierra y zahorra.
NOSOTROS,
elegimos hacerlo justo AL REVÉS, bajando hasta el puente sobre el río Esla y
después, por carretera hasta el puente colgante de Alejico, donde cogimos la
zona más hermosa de toda la
ruta con una prolongada subida estrecha y en zigzag,
con balcones repletos de indicadores anunciando lo que se estábamos observando,
además de alguna boca de mina antigua. Las vistas son maravillosas y el sofoco
de la subida también, aunque creo que peor sería bajarlo como se haría con la
ruta normal, no al revés.
Tras
llegar a la zona más alta de la ruta, el descenso hasta Sabero es muy cómodo.
No hay muchas cosas que destacar en la bajada, salvo el paisaje y la Ermita de
San Blas a 100 metros de Sabero.
Por
las fotos podrán darse cuenta de lo hermosa que es la ruta.
JORNADAS
DE PESCA
El
domingo pescamos Quintana de Rueda, coto que hacía más de 20 años que no lo
pescaba.
El
río Esla bajaba portentoso siendo complicado acercarse a la propia orilla.
Aunque algunas salieron a ninfa y cucharilla, no fue hasta la caída de la tarde
cuando a mosquito ahogado sacamos alguna trucha aunque no de grandes
dimensiones. La más de unos 27 centímetros.
El
río Esla era un auténtico “mar” complicado de pescar y sólo encontramos una
zona donde poder meternos en la orilla con espacio para dos pescadores, no más,
y allí nos quedamos José Luis y yo mientras Benito Lozano se quedaba unos
metros por debajo en una buena corriente probando a ninfa.
Al
final, lo apuntado. Escaso bagaje de disfrute y mucho frío de medio cuerpo
hacia abajo debido a los largos periodos metidos en agua muy fría que congelaba
todo.
El
lunes, Chingli y José Luis fueron a pescar el sereno en el Porma, próximos a
Boñar. Cansado tras la ruta de Las Minas, preferí quedarme en Felechas pensando
que al día siguiente iríamos a pescar el coto de Pesquera.
JORNADA
EN EL COTO DE PESQUERA Y VISITA DE AMIGOS
Si
la jornada de pesca en Quintana de Rueda no fue buena esperábamos algo más en
Pesquera aunque, tratándose del mismo río las esperanzas no eran las mejores.
A
las 9 de la mañana salimos José Luis, Chingli y yo desde Felechas en dirección
Cistierna y con ver el río que bajaba muy alto, pensamos que en la zona de Pesquera,
más allá de Vidanes y con dos controles, en Cistierna y Modino por medio, el
Esla bajaría mejor.
Efectivamente,
menos agua. Lo ideal era pescar a seca entre los canalillos de la abundante oca
que tenía el curso fluvial.
Ninguno
teníamos la caña de seca y cada cual optó por una modalidad de pesca. Chingli,
a cucharilla y con éxito aunque, curiosamente, la mayor no pasaba de los 20
cms. José Luis y yo, a mosquito ahogado o pesca a la leonesa. Las pintonas no
querían picar pero al llegar a una zona de rocas grandes, comencé a
disfrutar.
Tirada y trucha, pero a la mano sólo una. Eso sí, disfruté de lo lindo de 10,45
a 11,10 horas. Después, se pararon. José Luis, con las mismas moscas, no tuvo la
misma fortuna que yo hasta que llegamos a una tabla donde se unen dos brazos
del Esla y puso la ninfa. Así y todo, a la mano, una trucha y tampoco daba la
medida.
A
la entrada de Pozo que formaban los dos brazos del Esla, levante muy buenas
truchas pero como mis moscas no tienen arponcillo, las arrastraba y nada porque
más la corriente de la caída al pozo y el buen tamaño, por lo visto al subir a
mi “charli” que caía bailando por encima del agua. Sólo pude sacar una a la
mano.
La
tarde y el sereno, se lo adjudicaron Chingli y José Luis que gozaron con buenos
ejemplares, por fin.
Por
medio, y a la hora de comer, habíamos quedado con la pandilla de Chingli y
Jesús. Venían del Bierzo, Salva, Paco y Pepe, más Jesús y Nacho.
La
comida y amistad quedó marcada en “el libro de la amistad” con unas viandas excelentes, mejor vino y calor humano. De diez.
RIAÑO Y EL COLUMPIO MÁS ALTO DE EUROPA, LIEGOS Y LOIS
La
ruta más cómoda y tranquila con columpio incluido. No pudimos montar en la
barca porque estaban todas las reservas realizadas de días anteriores. Una pena
porque el viaje por el pantano sería otra maravilla.
Por
encima del Camping de Riaño se encuentra la “octava maravilla” de la montaña
leonesa. Se trata del columpio más alto de Europa., según apuntan.
Tras
subir por carretera hasta el camping y después por un sendero de tierra donde
se notan ya las escorrentías del invierno leonés, llegamos a la zona de “Heidi”
y el columpio riañés. Un enorme columpio que preside la zona más alta desde
donde se puede observar toda la montaña de la zona, desde el pico del Espigüete
hasta el pico Yordas y el Burín donde, en anteriores ocasiones, habíamos
realizado una ruta dura en el ascenso y en la bajada y que ya les contamos en
su día.
Después
de las fotos y videos de costumbre y a falta del viaje en barca, nos fuimos a
Liegos y, desde allí, ruta hasta Lois, donde volvimos a ver la catedral de la
montaña otra joya de León, no sin antes "perdernos en un cruce mal señalizado" por un despiste al no ver una señal de prohibición que nos hizo bajar por el valle de Anciles hasta la cola del pantano. Algo nuevo para un gran día.
Después
vuelta a Felechas tras pasar por Cistierna a comprar algunas viandas en Covirán
donde, su propietario, Juan, nos recibió con regocijo ofreciéndonos un pequeño
refrigerio a base de vino Prieto Picudo, queso y cecina de León. Es un
fenómeno.
Llegó el momento de refrescarse tras una ruta de intensidad media haciéndola como la hicomos nosotros, al revés, y allí estaba la manguera en casa de Luis Alberto.
Tras
la comida en Felechas llegó el reposo de los “guerreros” y la preparación de la
cena de despedida de cuatro días hermosos plagados de rutas, buena estancia,
exquisitas viandas, amistad y compañerismo.
La
cena de despedida no se pudo, en esta ocasión, en el refugio de Valdeguida, a más de 1.200 metros de altitud,
debido a la ausencia de Quiades que tuvo que ausentarse por problemas
familiares en tierras vascas. Sí estuvo Gelo, aunque José Luis y yo, antes de comenzar a cenar nos tuvimos que ausentar por un viaje inesperado que me hizo volver a tierras asturianas anticipadamente.
Otro
año será.