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sábado, 25 de mayo de 2024

LOS GALLOS DE LEÓN y EL 400 ANIVERSARIO DEL MANUSCRITO…

 

Eduardo García Carmona con MANUEL GÓMEZ FERNÁNDEZ


Recuerdos de una retransmisión en directo desde el corral de MANUEL GÓMEZ FERNÁNDEZ, criador de gallos de LA VECILLA (León)

2024 es el año de la conmemoración del 400 aniversario del MANUSCRITO DE ASTORGA (1624-2024)

Valga este recuerdo del criador como homenaje al MANUSCRITO DE ASTORGA Y LOS GLLOS DE LEÓN, en Pescarmona

 

Texto y fotos: Eduardo García Carmona

 

Manuel Blanco y Carmona

Me comentaba un buen pescador, montador de moscas y criador de gallos para la pesca, que lo fue, MANUEL BLANCO CRESPO, que por qué no escribía algo sobre MANUEL GÓMEZ FERNANDEZ, el criador de La Vecilla de Curueño, que dejó en manos de un familiar, su sobrino, Joaquín Díez “Quino”, su corral cuando se nos fue para el “otro mundo” hace más de 30 años. Aquí estoy estimado para contar lo poco o mucho que lo disfruté en una gran jornada de radio aunque, posteriormente, acudí a su domicilio muchas veces más a comprar mazos de pluma.


EL DÍA QUE LE CONOCÍ

La Vecilla, La Cándana, Sopeña, Campohermoso, Aviados... son pueblos de León, donde el aire, agua y el subsuelo, comentan que tiene uranio, hacen posible que una raza de gallos, con un plumaje único, se dedique a  la confección de moscas para la pesca.

Uno de los criadores insigne hasta finales del siglo pasado fue un hombre sencillo y llano de La Vecilla de Curueño, pueblo donde vivió y se dedicó, entre otras cosas, a la cría de una ave singular que lo significa todo para la pesca: EL GALLO DE PLUMA DE LEÓN.


Recuerdo a MANUEL GÓMEZ FERNÁNDEZ, en su casa de doble planta, en una callejuela pasada la iglesia, junto a la carretera de La Vecilla, a un lado de la bifurcación hacia el otro valle, el del Porma.

Fue el hijo de un compañero de Rne en León, Carlos Sanz, quien nos preparó el terreno para realizar un reportaje sobre la cría de LOS GALLOS DE LEÓN. Carlos Sanz, hijo, era el director de Caja León en La Vecilla y conocía de primera mano “el paño”.

Le vendí el reportaje  a nuestra emisora regional y prestos, con Carlos Sanz padre como técnico de sonido, acudimos hasta La Vecilla donde realizaríamos una conexión vía telefónica desde el propio corral.


Todo fueron facilidades. Había que subir al primer piso de la casona, por unas escaleras exteriores. Manuel Gómez, nos mostró su hogar adentrándonos en la cocina, dónde encima de una mesa circular con hule de los de antes, mostraba las cajas con los plumajes de los gallos, dedicados a la venta.


Mientras el técnico tiraba cable para la conexión desde la propia casa de Manuel, a mí tocaba dialogar con el criador en el propio corral donde el personaje me mostraba todo lo que tenía, comentando los pormenores de “su obra” con muchos años de trabajo.

Todo aquello, tan rústico y en plena naturaleza, me parecía un sueño porque se trataba de “hacer cantar a los gallos” para que toda Castilla y León escuchase “sus conciertos de cacareo”. Una pasada.


Mientras me contaba pormenores de la cría y las razas de lo que estaba viendo, el sonido llegaba a ser impresionante. Nunca creí que tanto cacareo me “podía volver medio loco” pero, así fue al final del reportaje en directo. Los GALLOS DE PLUMA DE LEÓN se oyeron por toda la Comunidad Autónoma y la retransmisión fue un éxito y tanto el técnico como yo, fuimos felicitados por la dirección regional.


Aún recuerdo las manos rudas, con callos y durezas de “Don Manuel”. En lugar de criador de gallos, parecía agricultor y es que de todo realizaba aquel buen hombre en su corral porque también tenía huerta. Su rostro denotaba los rigores del clima. Tez y manos curtidas y semblante amable y simpático, con cara de bonachón.


Era un negocio “casero y familiar” donde casi doscientas gallinas y gallos de León corrían y comían en plena naturaleza por la pradería con el cobijo de unas casetas con techo de Uralita, donde se guardaban ante las inclemencias y las noches.


Los gallos más fuertes eran “los jefes” del corral. Las gallinas estaban a su servicio para todo. El más fuerte era el líder y pobre de aquel que se atreviese a quitarle alguna gallina de su “selección”.


Me recordaba Don Manuel que muchas veces tenía que “poner paz en el gallinero” por las peleas, con desgracias de buenos ejemplares que, en lugar de esperar su momento, se atrevían a desafiar al jefe del gallinero antes de tiempo.


Me mostraba las diferentes razas: pardos e indios. Eran muchos más los primeros y tenía buenos ejemplares como se muestran en algunas de las fotos del reportaje.

Todo era rudimentario. Me decía que esperase a que cogiese un ejemplar para mostrármelo y así pelarlo, contando en directo para los oyentes de Rne los pormenores de la pela, mientras yo le preguntaba por los detalles de la pela y el sacrificio de la cría del gallo desde polluelo.


Una pasada verle corriendo y arrinconando a un ejemplar para pelarlo. Don Manuel estaba metido en años, no era un chaval precisamente, pero la agilidad denotaba que estaba en forma.

Metía al gallo entre las piernas, después de atarle las patas y, manos a la obra.

Una pasada que nunca olvidaré. Sólo faltaban Juan de Bergara y Lorenzo García, aunque su Manuscrito de Astorga y las 33 primeras moscas salieron a relucir en la retransmisión.


CORRAL JUNTO AL RÍO

La belleza era paradisíaca. El lugar se encuentra enclavado entre montañas y el río Curueño atraviesa buena parte de sus tierras. Aquí habita un ave cuyas plumas se dedican a la confección de mosquitos para la pesca. Las variedades de su plumaje hacen posible, gracias a la tonalidad, brillo y moteado, las distintas clases de pluma que se utilizan para la confección de moscas y mosquitos para la pesca de la trucha, nos contaba.


Comentaba que, en La Cándana y Sopeña se criaban los mejores gallos de pluma india, con sus diferentes características: indio plateado, acerado, avellanado, rubión, palometa, negrisco, etc.

Los gallos, aunque en cautividad, viven en pleno contacto con la naturaleza recibiendo por parte de su cuidador todo tipo de atenciones para que su plumaje sea de auténtica calidad. Así lo exige el mercado nacional e internacional.


¿Por qué estos gallos sólo se dan en esta zona? Nadie da una explicación correcta, al menos científicamente, pero lo cierto es que se ha intentado criar en otros lares provinciales y nacionales e internacionales, pero siempre con resultado negativo después de varias pelas porque terminan degenerando y pierden todas sus cualidades.


Las gentes del lugar comentan que quizás sean los suelos de la zona -se dice que hay uranio-. Otros dicen que si el entorno natural, con frío y sol abundante, dependiendo de la estación del año. Otros, que si por el agua... ¡Quién lo sabe!

Lo cierto es que los  experimentos realizados en otras zonas,  son eso, experimentos. Algo tienen estos pueblos de la montaña leonesa junto al río Curueño, que hacen posible que estas aves se críen de forma única, dando fama a León por la gran calidad de sus plumajes.


TRES O CUATRO PELAS AL AÑO

Son algunos los criadores que todavía existen en La Cándana, Campohermoso,  Sopeña, La Vecilla e incluso en Boñar. Todos coinciden que la cría de estos gallos no es negocio. Gracias a estos criadores, León tiene una riqueza sin igual, aún. Falta unión entre los pocos criadores que aún restan en la zona. No reciben subvenciones oficiales por la crianza de pollos para la pesca. De recibirlas se convertirían en industria importante en la zona, que daría trabajo a muchas personas.


Mantener un pollo hasta que se hace gallo, es caro. Ya desde pequeño necesita muchos cuidados y buen pienso. Cada uno come unos 15 gramos diarios. Cuando llega a mayor, sobre los 200 gramos. También hay que vacunarlos, me comentaba Don Manuel.


Lo que da un gallo son tres pelas al año, aunque alguno llega a cuatro, pero no toda la pluma que se extrae es de primera calidad.

Las pelas de invierno son las peores. Con las heladas y el frío, el gallo echa mucho plumón y da poca producción,  incluso la escasa pluma que se consigue vale poco dinero en el mercado.


LA RAZA DE LOS GALLOS

Los gallos indios son mucho más delicados que los pardos. En el momento que se les saca de La Cándana o Sopeña, degeneran. La pluma se pone sucia, pierde calidad, brillantez y tersura.

Los indios son gallos muy delicados.


La raza es muy antigua y degenera mucho la sangre,  atacándoles todo tipo de enfermedades: cocidiosis, leucosis, el mal de Mère, etc., enfermedades que hasta hace poco no se conocían en la zona y que terminó con la vida de cientos de gallos. Los estudios realizados hicieron posible atajar parte de los males.

Los gallos pardos son más fuertes a las enfermedades, necesitando menos cuidados por parte de los criadores. Es la raza que predomina en la zona, principalmente en La Vecilla, Campohermoso y Aviados.


EL NEGOCIO DE LA PLUMA

Un buen mazo de pluma fina, de calidad, llega a venderse por unos 10 €. A veces, incluso más. En tienda alcanza  los 15 € y si es para exportación aún más.  Existen mazos de pluma de menor calidad cuyo precio es inferior.


El mazo está compuesto por 12 plumas. La mejor pluma es la del riñón del gallo.

La pluma prácticamente se vende en su totalidad a los montadores de mosquitos de la provincia y también, sale de León con destino a otras provincias: Asturias, Cataluña, País Vasco, etc., y todavía en menor escala se exporta al extranjero: Francia, Italia, Inglaterra, USA.


En época de pesca, son varios los pescadores españoles y extranjeros, especialmente franceses e italianos que, además de pescar en nuestros, compran la pluma a algunos criadores de localidades ribereñas del Curueño e incluso en Boñar donde, junto al río Porma desde hace unos años, existe una explotación que está ganando muchos enteros.


Antiguamente, antes y después del Manuscrito de Astorga (1624), se hablaba de los gallos de Boñar y, a la vez de los gallos del Curueño. Gallos del Curueño, sí pero, Gallos de Boñar, también. Ese es “otro cantar” en el que ahondaremos en otra ocasión. 



Personalmente, “lo mismo me da, que me da lo mismo”, lo importante es que los gallos y el Manuscrito de Astorga son de León y esperemos que nunca se pierdan, como ocurrió con el Manuscrito.

 


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